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Tiempos de Carnaval: cuando las caretas caen y los rostros quedan al descubierto

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Panorama Opinión.  En tiempo de carnaval, las máscaras ocultan identidades y permiten asumir roles ajenos. Pero hay caretas que, con el paso del tiempo o ante hechos abruptos, se desprenden revelando intenciones que contradicen discursos. Desde los fariseos que Jesucristo denunció hasta políticos contemporáneos, la historia se repite: promesas que se evaporan, convicciones que mutan, y palabras que chocan frontalmente con los hechos.

La Tradición de las Caretas: Un Juego Milenario


Durante siglos, las caretas del carnaval permitieron a nobles disfrazarse de plebeyos, a mujeres comportarse como hombres, y a todos fingir ser lo que no eran. La máscara otorgaba libertad temporal e impunidad. Qué hermosa metáfora para la política contemporánea, donde las caretas no se usan sólo en febrero, sino todo el año. Con la diferencia de que estos disfraces políticos no son obras de arte: son máscaras baratas que, tarde o temprano, se desprenden revelando rostros que hubieran preferido mantenerse ocultos.

Hace dos mil años, Jesucristo señaló con el dedo a los fariseos y escribas: “Hagan lo que ellos dicen, no hagan lo que ellos hacen” (Mateo 23:3). Traducido al lenguaje contemporáneo: sus palabras son impecables, sus actos deplorables. El problema es que este manual de doble moral no quedó archivado en pergaminos antiguos. Se reeditó, se digitalizó, y hoy circula como bestseller en todos los parlamentos del mundo.

Europa: Cuando las Promesas Duran Menos que un Helado en Agosto

Friedrich Merz y el Arte de la Amnesia Política

Enero de 2025. Aschaffenburg, Alemania. Un afgano deportado que por alguna razón kafkiana seguía en territorio alemán, apuñala y mata a dos personas. Friedrich Merz, líder de la CDU y candidato canciller, declara con solemnidad: “Habrá una prohibición de facto de entrada a Alemania para cualquiera que no tenga documentos de entrada válidos.”

Las cámaras capturan el momento. Los alemanes aplauden. Es el líder que Alemania necesita. Es… el político de siempre.
Porque apenas gana las elecciones, y antes de calentar la silla en la Cancillería, Merz descubre algo sorprendente: resulta que Alemania está en la Unión Europea. Y que la UE tiene tratados molestos como “libre circulación.” Así que declara: “Ninguno de nosotros quiere cerrar las fronteras.”
La careta duró exactamente lo que duró la campaña electoral.


Irene Montero: Del Feminismo al Reemplazo Demográfico


Zaragoza. Enero de 2026. Irene Montero toma el micrófono con fervor: “Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora.” No está hablando de integración. Está hablando, literalmente, de “barrer” a una parte de la población (española) y reemplazarla con otra.

El gobierno de Pedro Sánchez regulariza medio millón de migrantes. ¿Los requisitos? Mínimos. ¿Las garantías de que los beneficiados no tengan antecedentes penales? Débiles. La decisión causa estupor, pero Montero lo celebra. Porque para ella, el problema no es la inmigración descontrolada. El problema es la población original.


La careta feminista se cae. Debajo aparece el rostro de quien practica su propia forma de supremacismo: el de creer que ciertas poblaciones son más valiosas que otras.


Pedro Sánchez: El Censor Disfrazado de Protector


España, Febrero de 2026. Pedro Sánchez anuncia la prohibición de redes sociales para menores de 16 años. Suena sensato. Pero el verdadero objetivo está en la letra pequeña: “trazabilidad del odio” y “lucha contra la desinformación.”

El diario El País lo explica: “La trazabilidad del odio es la medida más importante y la más peligrosa.” Porque Sánchez propone identificación obligatoria en redes sociales. ¿Quién decide qué es “odio”? No un juez independiente. Sino el mismo gobierno que es objeto de crítica constante.
Como señala el experto David Adsuara: “Me da igual que sea este Gobierno o cualquier otro. Creo que ningún Gobierno debe tener ese poder.”
La careta del “protector de menores” se cae. Debajo aparece el rostro del censor que sabe que la única manera de sobrevivir al bombardeo de críticas es amordazar a quienes las hacen.


Las Caretas del Activismo Selectivo
Feministas que Callan ante Irán


Enero de 2026. Irán arde. Las mujeres se quitan el hiyab. La respuesta: palos, cárcel, violaciones, ejecuciones. ¿Dónde están las feministas occidentales que llenan plazas por cualquier comentario desafortunado? Silencio ensordecedor.

Resulta que el feminismo occidental sólo funciona cuando el agresor es occidental, blanco y de derechas. Cuando el agresor es un régimen teocrático que lapida mujeres, las defensoras de los derechos femeninos descubren que tienen cosas más importantes de las que ocuparse.
Defensores de Gaza que Ignoran a Nigeria
Gaza genera oleadas de indignación. Manifestaciones, carteles, acampadas universitarias. Nigeria: Boko Haram masacra comunidades cristianas. Miles de muertos. Sudán: guerra civil, limpieza étnica, cristianos perseguidos. ¿Manifestaciones en Occidente? Ninguna. ¿Hashtags virales? Cero.

Algunas muertes generan hashtags virales. Otras ni siquiera merecen una nota al pie. La careta del “defensor de los derechos humanos” se cae. Debajo: el activista que sólo se indigna cuando el agresor encaja en su narrativa ideológica.
América: El Continente de las Caretas Recicladas


Venezuela: La Fidelidad que Duró lo que Duró Maduro en Libertad


3 de enero de 2026. Operación de fuerzas especiales estadounidenses. Nicolás Maduro y Cilia Flores son “extraídos” y conducidos a Nueva York.

¿Reacción del chavismo? Los “leales” que juraban defenderlo hasta la muerte, que repetían el mantra del “antiimperialismo yanqui”, descubren que tienen información valiosa para Washington. Las mismas bocas que escupían odio contra “el imperio” compiten por colaborar con Donald Trump.
Los ministros que organizaban desfiles anti-estadounidenses hacen cola en la embajada gringa. ¿Acaso los generales tatuados con el Che ofrecen datos sobre cuentas en Suiza? Es un viraje de 180 grados ejecutado con la gracia de un elefante en patines.
La careta chavista se cae. Debajo: el oportunista que nunca creyó en la “revolución” sino en llenar sus bolsillos.


El Comediante que Dirige desde las Alfombras Rojas


Hubo un comediante que interpretó a un profesor que se convertía en presidente. La ficción se volvió realidad. Hoy, esa nación está en guerra. Una guerra que ha engullido a toda una generación.

¿Y el líder? Demuestra firmeza admirable. Mientras su pueblo sangra, dirige el frente de batalla muy frecuentemente desde… escenarios internacionales. El Congreso estadounidense. El Parlamento Europeo. El Foro Mundial de la Economía de Davos. Entregas de premios. Alfombras rojas.
Es una guerra peculiar donde el comandante en jefe pasa virtualmente más tiempo posando para fotógrafos extranjeros y frente a la prensa internacional que visitando hospitales de campaña. La careta del “líder heroico” se tambalea. Debajo: el actor que nunca dejó de serlo.


República Dominicana: La Cesión Silenciosa de la Patria de Duarte
Juan Pablo Duarte fundó una nación soberana. Hoy, ese sueño se deshilacha.

Entras a una escuela pública y los niños dominicanos quedan sin cupo. Las campañas oficiales usan fenotipos que no son los clásicos dominicanos. Las calles se llenan de motoconchos, taxistas, vendedores de fruta, electricistas, pedigüeños, hasta peregrinos en la Basílica de Higüey, generalmente haitianos. Los empresarios ignoran el Código Laboral que exige 80% mano de obra local, mientras legisladores adocenados y complacientes proponen leyes para regularizar una masa interminable de personas de la vecina nación.


Los políticos siguen defendiendo a capa y espada las supuestas repatriaciones, las políticas migratorias restrictivas y el control en la frontera, pero a su vez, la verja perimetral, que tantos han calificado como “un retén para chivos” tiene más hoyos que muchas calles del Distrito Nacional. Se recurre a la retórica y narrativa para ocultar la cesión acelerada de la soberanía nacional. No es una invasión militar. Es una invasión demográfica, económica, cultural. Y está sucediendo con el consentimiento de las élites dominicanas.


La careta del “nacionalismo” se cae. Debajo: una clase política que entrega la patria en cuotas, un barrio, un municipio a la vez, que se trate de Friusa o de Los Frailes.
La Careta que Nunca Cae: El Paraíso Suizo


En medio de este carnaval de hipocresías, hay una máscara que no se cae nunca.

Suiza. Paisajes de ensueño y leyes de secreto bancario. Las puertas de los bancos se abren con facilidad cuando llegan capitales. ¿Importa de dónde vienen? ¿Importa si detrás hay, en el mejor de los casos, dictadores o funcionarios corruptos?


Pero cuando los países saqueados quieren recuperar lo robado, todo cambia. Suiza descubre que tiene burocracia infinita, laberíntica. Formularios que generan más formularios. Plazos que se extienden décadas. ¿Acaso regresa el dinero? Como dijera el emperador Vespasiano: “pecunia non olet” —el dinero no huele. Lo dijo en tiempos del Imperio Romano, pero el eco traspasó la barrera del tiempo y se asentó plácidamente más allá de los Alpes.


La careta suiza de “neutralidad” permanece intacta. Es la máscara más cara del mundo. Está hecha de oro. ¿Oro robado? pero oro al fin.


Conclusión: El Miércoles de Ceniza que Nunca Llega
En el carnaval tradicional, la fiesta termina. Llega el miércoles de ceniza. Las máscaras se guardan. Las responsabilidades regresan.

En la política contemporánea, el carnaval no termina nunca. Las caretas se caen, sí, pero inmediatamente se reemplazan por otras. Frederich Merz promete control fronterizo, Irene Montero habla de reemplazo poblacional, Pedro Sánchez de censura bajo pretexto de “proteger menores”, el gobierno dominicano destaca la verja fronteriza.


Quizás el problema no sea que las caretas se caigan. Quizás el problema sea que incluso cuando caen, cuando la hipocresía es evidente, el público decide que prefiere la ficción. Porque la verdad es incómoda. Porque reconocer que nos han engañado implica aceptar nuestra propia complicidad.


Y así, en este eterno carnaval político, las caretas siguen cayendo. Y nosotros seguimos fingiendo que no vemos los rostros.
Al final, los fariseos tenían razón en algo: el espectáculo debe continuar. Hagan lo que ellos dicen. No hagan lo que ellos hacen. Y, sobre todo, no miren demasiado de cerca cuando la careta se desprenda. Podría arruinarles la fiesta.

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