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Somatizar: cuando el malestar emocional se refleja en un nuestro cuerpo

Somatizar: cuando el malestar emocional se refleja en el cuerpo
Somatizar: cuando el malestar emocional se refleja en el cuerpo
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Panorama Salud. Somatizar supone reflejar el malestar emocional en nuestro cuerpo a través de síntomas como dolor de estómago, tensión muscular o taquicardia sin que haya una enfermedad física de origen. La somatización puntual como respuesta al estrés o a la ansiedad es un proceso normal del ser humano. Pero si el problema perdura en el tiempo se convierte en una enfermedad mental, el trastorno por síntomas somáticos.

Urgencia para ir al baño ante una entrevista de trabajo, dolor de estómago si nos presentamos a un examen o tensión muscular durante una crisis de pareja son ejemplos de somatizaciones temporales ligadas a situaciones concretas.

Víctor Atallah, ministro de Salud

“Todos afrontamos problemas o situaciones en la vida que nos hacen activar una respuesta al estrés que conlleva síntomas físicos reactivos, desde alteraciones del sueño, dolores de cabeza, gastrointestinales, sexuales…Es muy frecuente que todos en algún momento tengamos esos síntomas” al sentir miedo o percibir una amenaza, explica a EFE Salud la psiquiatra Virginia Soria, vocal del Comité Ejecutivo de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM).

Pero cuando esos signos corporales inespecíficos «ya tienen una cierta persistencia, más de seis meses, y afectan realmente a la calidad de vida y al funcionalidad de la persona” es cuando puede haber un trastorno mental de somatización, indica la también directora del Servicio de Psiquiatría para Adultos del Consorcio Sanitario Parc Taulí de Sabadell (Barcelona).

Y detrás de este trastorno de síntomas somáticos pueden esconderse diferentes causas, según la psiquiatra: “Algunas tienen que ver con la propia persona, más constitucionales, y otras tienen que ver más con factores del entorno y, en este sentido, el estrés crónico juega un papel muy importante”.

Ese estrés mantenido, el llamado distrés, generado por altos niveles de cortisol, aumenta la frecuencia cardíaca y afecta a procesos metabólicos, algo que hay que vigilar para que no derive a la larga en cardiopatías, accidentes cerebrovasculares o demencias.

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