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«Roma no paga a traidores»: la vieja lección que reaparece en Venezuela

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Panorama Opinión. La historia suele ofrecer metáforas más precisas que cualquier análisis contemporáneo. Una de las más elocuentes proviene de la muerte de Viriato, el líder lusitano que resistió a Roma durante años hasta ser asesinado por tres de sus hombres a instancias del imperio. Cuando los traidores acudieron a cobrar su recompensa, el procónsul Quinto Servilio Cepión los despidió con una frase que atravesó siglos: «Roma no paga a traidores.» No era solo sentencia moral sino declaración de cómo opera el poder cuando se siente seguro de sí mismo.

Hoy, esa frase resuena con fuerza en el tablero venezolano.

El presidente estadounidense, Donald Trump

El giro inesperado: Maduro fuera, el poder intacto

La salida de Nicolás Maduro del territorio venezolano en un episodio que muchos describen como secuestro político más que transición no produjo el terremoto institucional que algunos anticipaban. Por el contrario, el aparato que lo sostenía permanece en pie, operando con la misma disciplina interna y el mismo control territorial. Los colaboradores más cercanos continúan en sus cargos, administrando el Estado como si nada hubiese ocurrido.

Para observadores críticos, esto revela tanto la resiliencia del chavismo como estructura que trasciende liderazgos individuales, como la fragilidad de las expectativas depositadas en actores externos que prometían cambio mediante presión internacional.

Washington reordena sus prioridades con pragmatismo frío

En este contexto, la política estadounidense ha entrado en fase de pragmatismo que descarta sin ceremonia a quienes ya no encajan en su estrategia. Mientras algunos sectores de la oposición venezolana esperaban respaldo firme y sostenido, Washington ha mostrado disposición a reconfigurar alianzas, negociar con quienes detentan el poder real y abandonar a líderes que apostaron todo a ese apoyo externo.

Ese reacomodo dejó a más de un liderazgo opositor en el aire. Entre ellos, la figura de María Corina Machado se convirtió en el ejemplo más visible de expectativas infladas y respaldos efímeros que se evaporan cuando la geopolítica cambia de prioridades.

La soledad política de quien apostó todo al respaldo externo

Machado construyó su discurso sobre la promesa de que la presión internacional, especialmente la estadounidense, sería el factor decisivo para desmontar al chavismo. Sin embargo, cuando el tablero cambió, el apoyo que parecía incondicional se desvaneció con la misma rapidez con que había sido proclamado. En República Dominicana dirían que quedó «con el moño hecho», lista para una celebración que nunca llegó, esperando un respaldo que se esfumó en el momento crucial.

Más allá de simpatías o rechazos hacia figuras específicas, el episodio revela algo más profundo sobre la distancia entre la narrativa de oposiciones tradicionales que dependen de actores externos y la realidad geopolítica que se impone sobre el terreno. Las grandes potencias actúan según sus intereses, no según las expectativas de quienes buscan su favor.

La lección romana que atraviesa siglos

La frase que nació en la Hispania antigua vuelve a iluminar el presente. El poder no premia la ingenuidad ni la dependencia. Los movimientos políticos que apuestan todo a un respaldo externo suelen descubrir, tarde o temprano, que Roma no paga a traidores ni a aliados prescindibles. Solo se negocia, se usa y, cuando conviene, se descarta.

En Venezuela, la historia vuelve a repetirse con claridad casi pedagógica. El poder real permanece donde siempre estuvo, mientras quienes apostaron por atajos externos enfrentan la dura verdad de que, en política internacional, la lealtad no se compra y el respaldo no se garantiza. Solo se instrumentaliza.

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