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República Dominicana frente al 2026: el año del rigor fiscal

Rigor fiscal

El año 2025 cerró como un período de transición para la economía dominicana. No fue un año de alto crecimiento, pero tampoco de desajustes macroeconómicos.

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En un contexto internacional adverso, caracterizado por incertidumbre geopolítica, condiciones financieras restrictivas y choques climáticos, el país logró preservar la estabilidad, controlar la inflación y sostener la confianza de los inversionistas, al tiempo que deja sobre la mesa desafíos fiscales que condicionarán el desempeño de 2026.

Crecimiento moderado

Luego de expandirse 5.0 % en 2024, la economía dominicana desaceleró su ritmo en 2025, con un crecimiento estimado entre 2.0 % y 2.5 % al cierre del año. Este desempeño estuvo influido por un panorama internacional complejo y por el impacto de fenómenos climáticos sobre actividades productivas clave.

Para el economista Rafael Espinal, el resultado confirma la capacidad de resiliencia de la economía nacional.

“Un año complicado, con un entorno internacional difícil. El crecimiento entre 2 y 2.5 % al finalizar el año muestra la resiliencia de la economía dominicana”, sostiene.

Banco Agrícola sin respuesta a preguntas de Panorama

Desde el lado de la oferta, sectores como los servicios financieros, la agropecuaria y la minería mostraron expansiones interanuales relevantes, mientras que el turismo volvió a consolidarse como uno de los principales motores de la actividad económica, con más de 10.3 millones de visitantes durante el año.

De acuerdo con los datos oficiales, la República Dominicana alcanzó un nuevo hito en el sector turístico, con la entrada de 11,268,973 visitantes en el periodo enero-diciembre 2025, superando así las cifras del año anterior.

Detalla que los visitantes por vía aérea incrementaron un 3 % respecto a 2019, llegando a los 7,884,421, mientras que los cruceristas aumentaron en 153 %, llegando a 2,399,830.

En cambio, la ocupación hotelera mantuvo su alta demanda y los ingresos turísticos alcanzaron $3,250.4 millones, sobrepasando los números de 2024.

En contraste, la construcción evidenció una desaceleración asociada a la menor inversión pública en la primera parte del año y a la cautela del sector privado ante la incertidumbre.

A pesar de ello, el programa de liquidez aprobado por la Junta Monetaria desde junio de 2025, por un monto de RD$81 mil millones, ha tenido un impacto significativo en el sector construcción, uno de los principales destinos de los recursos liberados del encaje legal.

Al 30 de noviembre de 2025, el sistema financiero había colocado RD$76 mil millones (93 % del total autorizado), de los cuales RD$62 mil millones se canalizaron hacia sectores productivos, incluyendo préstamos interinos para proyectos de construcción y financiamiento habitacional.

Dentro de este monto, RD$13,947 millones fueron destinados directamente a actividades de construcción, abarcando la compra de terrenos, maquinarias, equipos e insumos para el desarrollo y terminación de proyectos residenciales y comerciales.

De esa cifra, RD$1,882 millones correspondieron a la construcción de viviendas de bajo costo. A esto se suman RD$8,575 millones en préstamos para la adquisición de viviendas, con un claro énfasis en soluciones habitacionales de bajo costo e interés social.

En conjunto, RD$22,522 millones, equivalentes al 36 % de los recursos liberados, se han orientado a la construcción y compra de inmuebles, confirmando al sector como uno de los principales beneficiarios del programa.

Este impulso se inscribe en una política sostenida de apoyo al sector vivienda por parte de la Junta Monetaria, el Banco Central y el sistema financiero, que en años previos también han canalizado importantes recursos para dinamizar la actividad constructiva y el acceso a viviendas en la economía dominicana.

Inflación bajo control y política monetaria efectiva

Uno de los principales anclajes de estabilidad en 2025 fue el comportamiento de los precios. La inflación se mantuvo dentro del rango meta del Banco Central (4.0 % ± 1.0 %) por más de 31 meses consecutivos, pese a presiones temporales derivadas del alza en los precios de algunos alimentos tras eventos climáticos.

El economista Espinal subraya que “el control de la inflación por parte del Banco Central es una muestra de la efectividad de la política monetaria”, destacando el rol de las decisiones oportunas en materia de tasas de interés y provisión de liquidez.

En efecto, durante el segundo semestre de 2025, la autoridad monetaria redujo la tasa de política en 50 puntos básicos, llevándola a 5.25 %, y, como señalamos anteriormente, mantuvo un programa de liquidez de RD$81 mil millones. Estas medidas contribuyeron a una reducción significativa de las tasas de interés bancarias y a un mayor dinamismo del crédito, sentando las bases para una reactivación gradual de la demanda interna.

Estabilidad cambiaria y fortaleza externa

En un contexto de alta volatilidad global, el tipo de cambio mostró un comportamiento ordenado. La depreciación acumulada del peso fue moderada, apoyada en una robusta generación de divisas estimada en US$46,800 millones, provenientes del turismo, las exportaciones, las remesas y la inversión extranjera directa.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) reclasificó el régimen cambiario del país a uno de flotación, reflejando una mayor profundidad y transparencia del mercado, así como la solidez de los fundamentos macroeconómicos.

Las exportaciones dominicanas totalizaron US$13,063.6 millones entre enero y noviembre de 2025, lo que representa un crecimiento interanual del 10 %. Este desempeño estuvo respaldado, además, por el mejor mes de noviembre de los últimos 13 años, período en el que las ventas al exterior alcanzaron US$1,121.9 millones.

El dinamismo exportador fue encabezado por el régimen de zonas francas, que concentró el 61 % del total exportado, seguido del régimen nacional, con una participación del 37 %, reflejando el aporte combinado de ambos esquemas al comercio exterior del país.

Entre los principales bienes exportados se destacaron el oro en bruto, los disyuntores eléctricos, los cigarros puros y cigarritos, los instrumentos médicos para medir la presión arterial y las camisetas de algodón, productos que sostuvieron el crecimiento y la diversificación de la oferta exportable dominicana.

El talón de Aquiles: la política fiscal

Pese a este cuadro de estabilidad monetaria y externa, el frente fiscal sigue siendo el principal foco de preocupación. Rafael Espinal advierte que en 2025 “han persistido fuertes brechas en la política fiscal, con un déficit de 3.5 % del PIB, que no es nada bueno por el peso de los intereses y los déficits eléctricos en el gasto público”.

Este desequilibrio limita la capacidad del Estado para impulsar el crecimiento sin aumentar vulnerabilidades, y anticipa un 2026 particularmente exigente en términos financieros.

2026: el año más demandante, no una crisis

Para el economista Haivanjoe Ng Cortiñas, el 2026 no será un año de crisis económica, pero sí el más exigente del ciclo inmediato. El punto crítico no está en el tamaño de la deuda, sino en el servicio de la deuda, que alcanzará su mayor presión tanto en el frente externo como interno.

En el ámbito externo, el servicio de la deuda ascenderá a US$5,847 millones, impulsado por altas amortizaciones y pagos de intereses cercanos a US$3,000 millones. Esta concentración de pagos implicará una fuerte demanda de divisas por parte del Estado, con potenciales tensiones temporales en el mercado cambiario, especialmente en meses de vencimientos elevados.

En el frente interno, el servicio de la deuda del Gobierno Central rondará los RD$231 mil millones, a lo que se suma el peso cuasi-fiscal del Plan de Recapitalización del Banco Central, con un costo estimado de RD$39,500 millones. Este esquema introduce rigideces adicionales al presupuesto y reduce el margen para inversión pública y gasto social.

Ng Cortiñas destaca que en 2026 el pago de intereses absorberá cerca del 24 % de los ingresos corrientes del Gobierno y más del 20 % del gasto público total, consolidándose como el componente más inflexible del presupuesto. Para cubrir estos compromisos, el Estado deberá recurrir a nuevas colocaciones de deuda que superan los RD$401 mil millones, profundizando la dinámica de refinanciamiento.

Reforma fiscal y coordinación de políticas

A pesar de estas presiones, ambos economistas coinciden en que la República Dominicana no enfrenta un problema de solvencia. Con una deuda del Gobierno Central cercana al 48 % del PIB, el nivel sigue siendo manejable. No obstante, el margen de error se reduce.

Espinal considera que 2026 debe ser el año en que finalmente se materialice una reforma fiscal integral, con impuestos más progresivos y una mayor contribución de los sectores de mayores ingresos, acompañada de un fortalecimiento institucional que mejore la calidad del gasto público.

Ng Cortiñas, por su parte, subraya que la diferencia entre un ajuste ordenado y episodios de tensión innecesaria dependerá de la anticipación, la coordinación entre la política fiscal y monetaria y una gestión activa del calendario de deuda.

Recientemente, el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, sostuvo que en el contexto actual no existen las condiciones políticas ni sociales necesarias para impulsar una reforma fiscal integral, y advirtió que avanzar mediante ajustes parciales o lo que calificó como “parches tributarios” podría resultar contraproducente para la estabilidad económica del país.

En una entrevista para un medio local, el funcionario reconoció que el sistema tributario dominicano presenta debilidades estructurales, pero señaló que, en ausencia de un consenso amplio, el Gobierno puede operar con el nivel de ingresos actuales, priorizando la administración del gasto y la sostenibilidad macroeconómica.

“Si es para hacer dos o tres parches, mejor no hacer nada y manejarnos con lo que tenemos”, afirmó Díaz, al subrayar los riesgos de introducir cambios fragmentados que no aborden de manera integral los desequilibrios fiscales.

El ministro contextualizó además la dificultad del tema en el plano regional, al recordar que la mayoría de los intentos de reformas tributarias en América Latina han fracasado tras la pandemia.

 “Después del COVID, diez países intentaron hacer reformas mayores a un 1 % del PIB y ocho fracasaron. Hacer reformas es difícil”, puntualizó, reforzando la idea de que cualquier transformación fiscal requiere no solo viabilidad técnica, sino también respaldo político y social.

Un equilibrio delicado

El balance de 2025 muestra una economía que, aún desacelerada, preservó su estabilidad y credibilidad.

El desafío de 2026 no será crecer a cualquier costo, sino administrar con prudencia un escenario fiscal más estrecho, sin comprometer la estabilidad monetaria ni la confianza de los mercados. La ventana para actuar sigue abierta, pero el margen para improvisar será cada vez menor.

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