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Ramona “Cunca”, la guardiana de cinco décadas del carnaval de Cotuí

Ramona Mercedes Viloria de Ortega "Cunca", carnavalera de Cotuí
Ramona Mercedes Viloria de Ortega "Cunca", carnavalera de Cotuí
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Panorama Cultural._ Más de 50 años dedicada al carnaval de Cotuí no han sido suficientes para apagar la pasión de Ramona Mercedes Viloria de Ortega. A sus más de 70 años, esta artesana y promotora cultural continúa trabajando con el mismo entusiasmo con el que comenzó, asumiendo como misión educar, preservar y difundir una tradición que considera el corazón de su pueblo.

“Soy carnavalera la vida entera”, afirma con convicción.

Su historia en el carnaval se remonta a su juventud, cuando las celebraciones se realizaban en el casino Juan Sánchez Ramírez.

Sin embargo, a partir de 1983 comenzó a trabajar activamente en las calles, escuelas, colegios y centros de diversión, acompañando la transformación de una fiesta de salón a una celebración popular y multitudinaria.

El origen, hojas de plátano e identidad

La esencia del carnaval cotuisano, explica Ramona “Cunca”, como se le conoce popularmente, está en el disfraz de hojas de plátano, una indumentaria con más de 100 años de historia que, según la tradición oral, utilizaban indígenas y africanos que trabajaban en las minas de oro de Pueblo Viejo durante la colonia. Ese personaje se convirtió en símbolo propio de Cotuí.

Pero el paso del tiempo y la naturaleza del material, que se seca, se pulveriza o se deteriora con la lluvia, obligaron a buscar alternativas. Así surgieron los trajes confeccionados con papel periódico, papel de colmado, fundas plásticas y otros materiales reciclados.

“La creatividad al menor costo es la clave”, sostiene. Para ella, el éxito del carnaval radica en la capacidad de transformar cualquier elemento cotidiano en arte.

Artesanos que marcaron historia

Ramona recuerda a figuras fundamentales del carnaval, como “Pateca”, artesano fallecido hace más de 45 años, y José María, quien catapultó el disfraz de hoja de plátano y fue rey del Carnaval de los 500 años de Cotuí en 2005. Conserva con orgullo una de las caretas que él utilizó en esa histórica celebración.

A lo largo de más de cuatro décadas, Ramona ha trabajado con diferentes comparsas y grupos. Algunos trajes le han sido regalados; otros los ha confeccionado junto a los jóvenes.

En 1998, cuando comenzaron a premiarse formalmente las comparsas y grupos escolares en Cotuí, el movimiento adquirió mayor organización y proyección.

Un museo en casa

La vivienda de Ramona es un verdadero santuario carnavalesco. Allí conserva cientos de caretas, algunas con 50, 60 y hasta 70 años de antigüedad, y decenas de disfraces que ha cuidado celosamente con el paso del tiempo.

Muchas piezas pertenecen a grupos ya desaparecidos, como “Los Búfalos”, y otras han sido donadas por carnavaleros de distintas delegaciones que conocen su interés en preservar la memoria histórica.

Entre semillas, tusa, higüero, yagua, collares, tijeras y materiales reciclados, Ramona guarda todo lo que considera útil para futuras creaciones.

Sueña con que este legado sea donado a un espacio que se habilitará para conservar el patrimonio del carnaval cotuisano.

Proyección nacional e internacional

Desde hace 17 años, Ramona confecciona un disfraz anual para participar en el Carnaval de Punta Cana, donde ha llevado delegaciones de Cotuí.

Tiene más de 10 trajes diseñados exclusivamente para ese evento, cada uno fruto de meses de planificación y reciclaje.

Actualmente, el carnaval de Cotuí reúne alrededor de 70 participantes entre comparsas, grupos, individuales e infantiles, consolidándose como uno de los más creativos y premiados del país.

Pasión más allá de la pérdida

Hace cuatro meses perdió a su esposo, Jesús Ortega, su compañero durante 44 años de matrimonio y también amante del carnaval.

Muchos pensaron que este sería su retiro, pero ella decidió continuar. “Él amaba el carnaval igual que yo”, expresa con serenidad y con voz entrecortada.

Aunque sus hijos no han seguido la tradición, alegando que el esfuerzo no siempre tiene recompensa material, Ramona insiste en que su mayor premio es ver viva la cultura de su pueblo.

Para Ramona Viloria, el carnaval no es solo una fiesta de febrero. Es memoria histórica, identidad colectiva y resistencia cultural.

Y mientras existan manos dispuestas a reciclar, crear y desfilar, asegura que las hojas de plátano, símbolo eterno de Cotuí, seguirán ondeando con orgullo cada año.

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