Panorama Opinión. Tres países en siete días, justificaciones poco transparentes y LA Semanal que no se deja ver ni en los centros espiritistas. El gobierno dominicano convierte la agenda exterior en el arte de no estar cuando hay que responder.
Los sellos de entrada a Costa Rica, Panamá, Guyana adornan el pasaporte oficial del presidente Abinader, mientras que en el país siguen aflorando preguntas sin respuesta: ¿Y no que el lugar más lejano para aceptar deportados era Pedernales? ¿Bajo qué marco jurídico y quién autorizó que recibierámos deportados de terceros países desde Estados Unidos? ¿Con qué garantías? ¿Y por qué el primer dominicano en enterarse de los detalles fue un periodista ecuatoriano?
El acuerdo migratorio —treinta personas al mes, quince días de tránsito, perfil limpio— eso suena de maravilla, pero entonces aparece el caso de Dimitri Vorbe, un empresario haitiano millonario señalado por Washington por presunto financiamiento de las bandas que azotan su país, deportado hacia Santo Domingo en lugar de hacia Puerto Príncipe. Así luce el tránsito controlado cuando llegan los perfiles que Washington no quiere gestionar directamente. La pregunta que nadie en Palacio ha respondido sigue siendo la más sencilla: ¿sabíamos quién venía?
No es casualidad. Es consecuencia. Este gobierno cabildeó de a duro para que Trump lo invitara (al final) al Escudo de las Américas. Lo logró, con el entusiasmo de quien consigue una mesa en el restaurante y descubre que lo sentaron junto a los baños. Luego el ministro de Justicia Antoliano Peralta apareció en Barcelona en la cumbre con Sánchez, Lula y Petro —a título personal, dijo, aunque representaba al Presidente, aunque no firmó nada—. Acto seguido el Canciller español aterrizó en Santo Domingo, como enrostrándole al aliado Yankee las buenas relaciones con un gobierno ligeramente hostil a Trump. Washington tomó nota. La Embajadora de EE.UU. ya había puesto el versículo. Y la factura llegó puntual.
Lo más revelador no es el acuerdo sino quién lo defiende. El Canciller Roberto Álvarez —maestro consagrado del mutis diplomático— aparece esta semana defendiendo con inusitado fervor exactamente lo que Abinader negó en febrero de 2025 en su hoy desaparecida Semanal. Proponemos que de ahora en adelante se inaugure la RA Semanal para que el Canciller desmienta al Presidente y diga “Digo” cuando el Primer Mandatario diga “Diego.” Es imposible no recordar aquella famosa película que narraba la vida del personaje Escarlata O’Hara: Lo que el viento se llevó. Si lo aplatanamos un poquito, podemos inferir que LA Semanal es exactamente “lo que el Caso SeNaSa se llevó.”
La Embajadora Campos no dejó margen para la interpretación: citó el Apocalipsis con una claridad que los diplomáticos reservan para cuando ya se cansaron de los eufemismos. “Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” El mensaje era para el gobierno dominicano. Algunos dirigentes del PRM, lejos de contribuir a la causa, se encargaron de confirmar el diagnóstico con declaraciones que sonaron, en Washington y en el mundo, a exactamente lo que no debían sonar. Los torpiloquios tienen consecuencias. Y las consecuencias tienen forma de acuerdo migratorio que nadie pidió, nadie debatió y que hoy defiende, con cara de póker, el mismo Canciller que ayer callaba.
Nuestra indómita y brava Quisqueya trata, en vano, de levantar altiva su frente. Pero es difícil mantenerla en alto cuando la política exterior se maneja a golpe de agenda viajera, contradicciones semanales y puertas abiertas que nadie sometió al escrutinio de los que, al fin y al cabo, pagan la cuenta. El Ing. Ramón Alburquerque, intelectual y político dominicano de fina pluma y fina ironía, popularizó aquel “entren to’…” que quedó consagrado en el imaginario nacional. Hoy su frase vive una segunda juventud, maquillada de memorando, disimulada de cooperación y negada ante el pueblo con la misma soltura con que se niega lo evidente.
Que entren to’. Pero que sepamos, al menos, quiénes entran.