Panorama Salud. La República Dominicana cuenta con médicos preparados, infraestructura básica y pacientes dispuestos a luchar por una segunda oportunidad. Sin embargo, la falta de donantes mantiene a muchos en una espera incierta.
El desafío es cultural y educativo: romper los prejuicios, informar y sembrar la solidaridad. Porque, como recuerda el director del Incort, “donar órganos es decirle sí a la vida, incluso después de la muerte”.
Según el Instituto Nacional de Trasplantes (INCORT) la cantidad de trasplantes provenientes de donantes vivos se ha visto en aumento, sin embargo, en los retos que el país enfrenta, está lograr la instauración gradual de la Cultura de Donación y Trasplante, por lo que la institución cuenta con estrategias que se enmarcan en una planificación de proyectos alineados con las metas nacionales establecidas en el Plan Decenal de Salud.
En este país la donación de órganos puede realizarse mediante dos vías principales: la de un donante vivo (un familiar o persona no relacionada que dona de manera altruista) y la de un donante fallecido, cuya familia autoriza el procedimiento tras su deceso.
Las condiciones para donar órganos y tejidos están establecidas en la Ley 329-98 y reguladas por el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (Incort). La normativa establece que debe ser un acto altruista, sin fines de lucro y realizado únicamente en hospitales autorizados.
El gran cuello de botella está en la baja tasa de donación. En 2023, el país alcanzó un récord histórico: apenas 24 donantes fallecidos, lo que equivale a 2.4 donaciones por millón de habitantes. A nivel internacional, el estándar para considerar que un sistema de trasplante está en desarrollo es superar las 20 donaciones por millón.