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Presidente, todos los desaparecidos no son iguales

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Por Anabell Alberto

En la República Dominicana, hay una tragedia silenciosa que no recibe la atención que merece: la desaparición de personas. Hoy quiero dedicar mi comentario a aquellos que salieron de sus hogares y nunca regresaron. A las familias que viven en incertidumbre, atrapadas entre la esperanza y el dolor.

He tenido que compartir en mis redes sociales las fotos de algunos de estos desaparecidos, personas cercanas a amigos y conocidos. Al hacerlo, me he preguntado una y otra vez: ¿qué pasó con ellos? ¿Están vivos o muertos? ¿Por qué desaparecieron?

Una realidad desgarradora

En el país, los familiares de desaparecidos se han organizado en la Asociación Dominicana de Familiares Desaparecidos (ASODOFADE), fundada por la periodista Evelyn Abreu, quien lamentablemente tuvo que crear esta agrupación tras la desaparición de su madre hace más de un año.

Hipólito Mejía

Las razones por las que una persona desaparece pueden ser diversas. En algunos casos, hay antecedentes de problemas de salud mental, personas con depresión o en tratamiento psiquiátrico que un día se desvanecen sin dejar rastro.

También están los conflictos familiares, las deudas, la violencia intrafamiliar y, por supuesto, el crimen organizado.

El crimen organizado y la trata de personas

Dentro de esta problemática, el crimen organizado juega un papel preocupante. Entre las causas más comunes están:

Trata de personas: Un problema del que poco se habla, pero que sigue ocurriendo.

Actividades delictivas: En muchos casos, adolescentes son reclutados para vender drogas u otras actividades ilegales.

Tráfico de órganos: Aunque no hay pruebas contundentes en el país, persisten rumores y denuncias sobre su posible existencia.

Casos que siguen sin respuesta

Los rostros de los desaparecidos son muchos, pero menciono algunos que han estremecido al país:

Anauris Castillo, estudiante de Derecho de la UASD, desapareció el 22 de mayo de 2020 en Santo Domingo.

Kendri Alcántara, un niño de San Juan, desapareció en abril de 2022.

Alexander Moisés San, estudiante de ingeniería de software en Intec, no regresó a su hogar desde el 16 de mayo de 2022.

Armando Marinos Rodríguez, prestamista, cuyo paradero sigue siendo un misterio.

Joan Genao, adolescente de 16 años, visto por última vez en un cibercafé en Santo Domingo Este en octubre de 2023.

Algunos casos sí se han resuelto, como el joven de Moca encontrado en un hotel hace poco. Pero, ¿por qué unos reciben más atención que otros?

¿Por qué no todos los desaparecidos son prioridad? El presidente miente

Presidente Luis Abinader, usted afirmó en la semanal que todos los casos de desaparecidos se tratan por igual, pero eso no es cierto. ¿Dónde está el mismo despliegue policial y mediático que se vio en el caso de la joven india? ¿Dónde están los organismos de seguridad para las familias dominicanas que aún esperan respuestas?

La inseguridad crece y la sensación de desprotección es cada vez mayor. La pregunta que nos hacemos todos es: ¿cómo podemos sentirnos seguros si desaparecer en este país es tan fácil y la respuesta de las autoridades es tan deficiente?

Espero una respuesta. Las familias de los desaparecidos también la esperan.

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