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Miles de estudiantes del sistema público bajo riesgo ante sismo de gran magnitud

escuelas y sismos en RD
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El 22 de septiembre de 2003, a las 12:45 de la madrugada, un sismo de magnitud 6.5 grados en escala Richter sacudió la zona norte del país teniendo su epicentro en Tubagua, Puerto Plata.

El movimiento telúrico destruyó unas escuelas y agrietó otras en la provincia. Para ese entonces, los más creyentes daban gracias a Dios porque el temblor ocurrió fuera del horario escolar. Si el fenómeno se hubiese generado ocho horas más tarde en aquel lunes habríamos estado hablando de cientos de pérdidas humanas, en especial, tras el colapso de la escuela Gregorio Urbano Gilbert.

Sin embargo, lo destruido en los recintos solo fue material, como si se tratase de una señal de alarma y, a la vez, de aprendizaje para no cometer los mismos errores en la construcción de centros educativos.

Desde entonces algunas cosas han cambiado, solo algunas. A casi 22 años del temblor se han emitido decretos y reglamentos e incluso se han elaborado estudios que revelan la vulnerabilidad de miles de planteles escolares del Estado a nivel nacional, sobre todo, aquellos cerca de fallas sísmicas.

“Tú sabes que no estás en Suiza (…) tienes que estar seguro y especificar bien cómo se van a hacer las cosas y supervisar. Porque yo puedo hacer el plano que yo quiera. Ahora, si no hay supervisión, no hay garantía de que se haya hecho así”, explica el ingeniero Leonardo Reyes Madera, director de la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie), al referirse a la violación constante de los parámetros de construcción de escuelas establecidos en 2011 en el Reglamento para el Análisis y Diseño Sísmico de Estructuras (R-001).

Cambios en el gobierno

Esta normativa establece una zonificación sísmica dividiendo el territorio en dos partes (zona 1 y zona 2), “de acuerdo a sus niveles de aceleración sísmica espectral de referencia”, para lo que se aplicarían diseños estructurales distintos a las edificaciones levantadas en esas áreas.

Sin embargo, el geólogo Osiris De León va más allá. Considera que para ser más efectivos al momento de levantar escuelas que resistan cualquier tipo de movimiento telúrico, sin importar su cercanía a una falla sísmica, debe existir una microzonificación y un diseño de plantel específico para cada una de esas zonas.

“Debemos tener una zonificación de los diferentes tipos de suelo desde el punto de vista sísmico y a partir de esa microzonificación tener diferentes tipos de diseños estructurales de escuelas que apliquen para cada tipo de suelo distinto”, precisa De León.

El riesgo

Actualmente son más de dos millones los estudiantes del sistema público nacional distribuidos en más de 7,900 centros. Del total de estos liceos y escuelas son más de 6,000 los que todavía hoy permanecen bajo riesgo a pesar de las advertencias de Onesvie y la presentación de correcciones puntuales a planteles ante la amenaza de un colapso.

El proceso de reforzamiento inició, pero a cuenta gotas.

“Si nosotros hubiéramos comenzado cuando tuvo la intención el señor presidente (Luis Abinader) en el 2020, ya tuviéramos muchas escuelas reforzadas, pero aparentemente no es tan simple como decir: háganlo, porque tú encuentras un sistema totalmente desorganizado”, puntualiza Reyes Madera.

El titular de Onesvie precisa que hace tres años se enviaron los diagnósticos de 195 edificaciones escolares, pero que solamente un pequeño grupo fue licitado hace poco más de un año. “No sé realmente dónde ha estado el tranque”, agrega.

La cifra de estudiantes y personal docente bajo riesgo ante el colapso de escuelas es incierta, puesto que como indica De León solo dos de las 14 fallas bajo suelo dominicano tienen potencial de destruir completamente un recinto: la Septentrional, al norte, y la Enriquillo, al sur. Las demás solo causarían grietas o daños moderados, pero al no saber a ciencia cierta el suelo en el que está cimentado cada plantel podríamos hablar de cientos de miles de estudiantes a razón de un promedio de 257 alumnos por centro, de acuerdo a datos del Ministerio de Educación.

“En todas partes del mundo tenemos escuelas vulnerables sobre todo en los territorios sísmicamente activos. En Haití, con el terremoto de 2010 (7.0 en escala Richter) colapsaron cinco mil escuelas. En Sichuan, China, un terremoto (7.9) hizo colapsar 6,000 escuelas súbitamente. En Puerto Plata, en 2003, un simple temblor de 6.5 tumbó las escuelas”, explica De León.

De los datos obtenidos de 217 escuelas sobre fallas sísmicas, 105 están en el campo cercano a las dos mencionadas, pero sin saber exactamente sobre el tipo de terreno en las que se encuentran, las 112 restantes están sobre otras fallas más pequeñas, pero dentro de los 48,442 kilómetros cuadrados de la geografía nacional.

“Un edificio público, construido en Bangkok, capital de Tailandia, colapsó a mil kilómetros de distancia del epicentro”, agrega el geólogo, refiriéndose al terremoto de Myanmar de 7.7 grados ocurrido este año, lo que indica que la cercanía a una falla no es el único factor de riesgo para considerar.

Soluciones

El reglamento R-001 vio la luz en 2011 bajo el decreto 201 del presidente Leonel Fernández sirviendo como punto de partida para una revolución al momento de erigir estructuras públicas en República Dominicana. No obstante, al parecer mucho de eso ha quedado en el papel.

“Lo que pasa es que es muy fácil tú sentado, como estamos nosotros aquí en este ambiente, con aire acondicionado, sin ningún tipo de situación, concentrado haciendo un cálculo, o haciendo un plano y poniendo detalles en el plano, que a la hora de la verdad no se aplican en la realidad. Hoy tenemos que comenzar a ranurar las paredes que se pegan a las columnas para que esa escuela funcione como la calcularon en Obras Públicas en aquella época”, revela Reyes Madera.

Mafia inmobiliaria

Precisamente fue el director de Onesvie quien, en 2013, participó en la elaboración de la Guía Técnica para la Construcción de Escuelas Seguras, iniciativa desarrollada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que establece como puntos básicos la evaluación del terreno, el diseño, la calidad de la construcción y la supervisión de la misma.

En mayo pasado, la Dirección de Infraestructura Escolar inició el plan “Aulas 24/7”, para reconstruir y remozar 1,100 aulas de cara al inicio del año escolar 2025-2026, en este agosto, pero de acuerdo a Reyes Madera, los resultados todavía no llegan a la mitad.

“No mucho ha cambiado en materia de diseño, construcción y supervisión. Debimos haber cambiado. No tenemos modelos de escuelas en función de la respuesta sísmica local, y es ahí donde hemos fallado como sociedad. Es un problema que hay que resolverlo en el breve plazo”, indica De León.

Construyendo vulnerabilidades y jugando a la suerte

Pese a las nuevas normativas, a mayor presupuesto para Educación y nueva información útil para evitar errores del pasado, las escuelas del país continúan edificándose como bien decimos en Dominicana “a la brigandina”, sin importar los nuevos criterios que se deben considerar para evitar situaciones lamentables.

Los nuevos planteles se licitan para que contratistas los construyan con una guía puntual, a la que hacen caso omiso porque así es como lo han hecho siempre y la supervisión es nula. Mientras, los viejos recintos, cuyas vulnerabilidades fueron detectadas, están viendo un proceso de reforzamiento lento, como el movimiento de las placas tectónicas en el subsuelo.

Como dice Osiris De León “estamos jugando a la suerte”. Creemos que un gran terremoto no afectará a nuestra generación y, por tanto, entendemos que no hay que prepararse para ello. Continuamos construyendo vulnerabilidades y descuidando las ya erigidas que afectan al presente de la nación y al futuro representado en los niños y adolescentes en edad escolar.

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