Panorama Entretenimiento. — Con emotivas palabras de gratitud y memoria, el historiador cubano Miguel Cabrera ofreció la conferencia “Historia del Ballet Nacional de Cuba”, en el salón Aída Bonelly del Teatro Nacional Eduardo Brito, en un acto cargado de simbolismo, historia y lazos fraternales entre Cuba y República Dominicana.
La actividad inició con unas sentidas palabras introductorias dedicadas a la coreógrafa, bailarina y maestra de danza. Clara Elena Jaramínes Pullal, descrita como maestra, pionera y fundadora en el mundo del ballet, y madre del anfitrión del tributo.
“Esta noche, más allá de todos sus méritos, quiero agradecerle algo que ningún título puede resumir: haber cruzado el mar para rendir homenaje a Clara Elena…”, expresó conmovido, destacando el gesto de amistad, lealtad y amor al arte del historiador cubano.
Al tomar la palabra, Cabrera confesó la emoción que le producía regresar a República Dominicana 35 años después de su primera visita.
“Hace mucho rato que estoy aquí, en esta sala, viendo caras conocidas”, dijo, recordando con especial afecto a antiguos alumnos que hoy son figuras destacadas de la danza en Cuba y que también contribuyeron al desarrollo del ballet nacional.
El historiador evocó los profundos vínculos históricos entre ambos pueblos, recordando que para los cubanos esta isla tiene un significado especial desde la infancia, al mencionar al cacique taíno Hatuey, quemado por los españoles en Cuba, y al generalísimo Máximo Gómez, figura esencial en las luchas independentistas cubanas junto a José Martí y Antonio Maceo.
Durante su disertación, Cabrera destacó la universalidad del arte de la danza, citando al pensador cubano Juan Marinello, quien en una ocasión expresó una frase que definió como “sabiduría anónima”: “El arte no tiene patria, pero los artistas sí”. Para el historiador, esta reflexión resume el carácter ecuménico del ballet, un lenguaje que no necesita palabras ni escenografía, pues se expresa a través del cuerpo.
En su recorrido histórico, Cabrera situó los orígenes del ballet en la Italia renacentista, bajo la influencia de Caterina de’ Medici, su consolidación en Francia con Luis XIV y su evolución en Rusia con figuras como Marius Petipa. También mencionó la influencia del danés August Bournonville y la expansión global de esta disciplina artística.
Al referirse al surgimiento del ballet en Cuba, destacó la trascendencia de Ballet Nacional de Cuba y el llamado “milagro cubano”, término acuñado por el crítico inglés Arnold Haskell para describir el rápido y sólido desarrollo de la escuela cubana de ballet en una isla pequeña, pero de enorme impacto cultural.
Cabrera recordó además su vínculo con la legendaria Alicia Alonso, a cuya petición atendió en varias ocasiones a la dominicana Aída Wendelrey durante sus visitas a Cuba, reforzando así el intercambio artístico entre ambas naciones.
“Estamos separados por apenas 77 kilómetros, pero unidos por una historia, una cultura y un arte que nos hermana”, afirmó el historiador, visiblemente emocionado al reencontrarse con colegas y antiguos discípulos en Santo Domingo.
La conferencia no solo repasó los hitos históricos del ballet desde el siglo XV hasta la consolidación de la escuela cubana, sino que también destacó el poder de la danza como puente cultural entre pueblos, en una noche donde la memoria, la gratitud y la hermandad caribeña fueron protagonistas.