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Mia Cepeda: una cirugía que cambió su rostro y le enseñó a ponerle un alto a los procedimientos estéticos

Comunicadora Mia Cepeda
Comunicadora Mia Cepeda
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Panorama Entretenimiento. – Acostumbrada a las cámaras, a los escenarios y a mostrarse ante el público con seguridad, Mia Cepeda atraviesa uno de los procesos más difíciles y delicados de su vida. Desde hace tres meses vive una recuperación que no solo ha transformado temporalmente su rostro, sino que también la ha llevado a reflexionar sobre los límites de las cirugías estéticas y sobre cuánto puede llegar a exigirle una persona a su propio cuerpo.

La comunicadora se sometió hace poco más de tres meses a una compleja cirugía para retirar polímeros que tenía desde hacía décadas en diferentes zonas del rostro. Lo que estaba previsto como un procedimiento de entre cuatro y seis horas terminó extendiéndose durante 12 horas y desencadenó una serie de complicaciones que todavía enfrenta.

“Estoy en terapia desde el día uno de la cirugía”, contó a Panorama, al explicar que sufrió una parálisis facial luego de que, durante el procedimiento, fuera afectado un nervio.

La consecuencia ha sido una recuperación larga y exigente. Mia explica que actualmente enfrenta dificultades para controlar completamente algunos movimientos del rostro, además de problemas para comer y hablar con normalidad, mientras continúa sometida a terapias todos los días.

Pero esa no fue la única complicación.

Una herida que le recordó el precio de querer volver a verse natural

Como consecuencia de la prolongada duración de la cirugía, la comunicadora sufrió una necrosis que alcanzó parte de su rostro.

La lesión llegó a una zona que hoy permanece en proceso de cicatrización y que, según explica, deberá ser corregida posteriormente mediante otra intervención quirúrgica.

“Las secuelas son horribles”, reconoce, aunque inmediatamente habla desde una perspectiva distinta: está agradecida de que la situación no haya avanzado hasta provocar un daño mayor.

Su recuperación ha requerido tratamientos constantes y materiales especiales para ayudar a que el tejido vuelva a crecer. Mia cuenta que cada gasa utilizada durante el proceso tiene un costo elevado y debe ser cambiada regularmente.

Mía Cepeda se somete a cirugía de 12 horas para retirar polímeros de su rostro

“Me ha salido más cara la recuperación que la cirugía”, confesó.

Aun así, lejos de quedarse en el dolor de lo ocurrido, ha decidido asumir esta etapa como un aprendizaje.

Quería quitarse lo que llevaba décadas en su cuerpo

La decisión de retirar los polímeros no surgió de un impulso reciente. Mia explica que llevaba aproximadamente 30 años con estos materiales en diferentes partes del cuerpo y que había comenzado un proceso para eliminarlos.

Ya había pasado por procedimientos en República Dominicana y, para la cirugía más compleja, decidió viajar a Colombia.

Antes de tomar la decisión, incluso evaluó especialistas en países como Brasil, Turquía, Corea y China. Finalmente escogió Colombia porque consideraba que allí existía una amplia experiencia en la extracción de polímeros.

La intervención fue realizada por un médico al que, según cuenta, llevaba alrededor de una década dando seguimiento y a quien consideraba uno de los especialistas con mayor experiencia en este tipo de procedimientos.

Sin embargo, ni siquiera esa confianza logró evitar las complicaciones.

“Son cosas que pueden pasar en cualquier cirugía”, reflexionó.

Y quizás ahí se encuentra una de las mayores lecciones que le ha dejado este episodio: entender que ninguna cirugía está completamente libre de riesgos, incluso cuando se pone el cuerpo en manos de un especialista experimentado.

“Cuando te toca, te toca”

Mia no habla de lo ocurrido desde el arrepentimiento. Más bien, intenta entenderlo como una consecuencia de una decisión que tomó buscando recuperar una apariencia más natural.

Después de haberse sometido a numerosas intervenciones a lo largo de los años, ocho cirugías de busto, una de nariz y otros procedimientos en labios y pómulos, llegó un momento en que quiso comenzar a retirar algunos de los elementos que tenía en el cuerpo.

“Yo entendía que, si los sacaba ahora, como mis hermanas se lo han sacado todo ahora y no la pasaron nada, todo súper bien”, explicó.

Pero su caso era diferente debido a la cantidad de polímeros que tenía acumulados en el rostro.

“Cuando tú quieres entonces verte como más naturalita, ya no ves tan hecha, tan procesada, ahí es que viene el problema”, reflexionó.

Reconoce que el deseo de modificar el cuerpo puede convertirse en un ciclo difícil de detener.

“Cuando te toca, te toca”, dice, asumiendo lo sucedido con una mezcla de resignación, aprendizaje y esperanza.

El cuerpo también pone límites

Una de las reflexiones más importantes que Mia extrae de su experiencia tiene que ver precisamente con el abuso de los procedimientos estéticos.

Asegura que su intención ahora es retirar progresivamente los materiales que no son naturales para su organismo, pero entiende que deberá hacerlo con paciencia.

Por eso ha decidido detener, al menos temporalmente, cualquier nuevo procedimiento.

Tiene previsto esperar alrededor de dos años antes de considerar retirar los polímeros que todavía conserva en los glúteos. También contempla reducir el tamaño de sus bustos, pero sin apresurarse.

“Voy a esperar”, insiste.

Su decisión llega después de haberse sometido este mismo año a cuatro procedimientos quirúrgicos.

Ahora entiende que el cuerpo necesita tiempo para recuperarse y que someterlo repetidamente a anestesias y cirugías puede terminar provocando consecuencias aún más graves.

Un año alejada de los medios

Para alguien cuya vida profesional ha estado ligada durante años a la televisión y al entretenimiento, el proceso también ha significado hacer una pausa.

Mia calcula que permanecerá aproximadamente un año alejada de los medios mientras completa su recuperación.

Actualmente, algunos de sus proyectos televisivos se mantienen en repetición, mientras ella concentra sus energías en recuperar la movilidad de su rostro y lograr que las cicatrices evolucionen favorablemente.

Incluso contempla pasar parte de su recuperación en Europa, luego de recibir una propuesta para alojarse en una villa en Marbella.

La pausa, sin embargo, no parece haberle quitado el sentido del humor.

Durante la entrevista incluso bromeó sobre una posible incorporación futura a un programa matutino, dejando claro que, cuando regrese, llegará con la misma personalidad irreverente que la ha caracterizado.

De la experiencia al consejo

Mia Cepeda ha decidido convertir su propia experiencia en una advertencia para quienes consideran someterse a procedimientos estéticos.

Su mensaje es especialmente dirigido a quienes buscan transformar constantemente su cuerpo y a quienes sienten que deben seguir modificándose para alcanzar una determinada imagen.

Considera que muchas veces los pacientes presionan a los médicos para realizar procedimientos que quizás no sean convenientes y que algunos profesionales terminan accediendo para complacerlos.

“Vamos a evitar eso porque es mejor disfrutar lo que tenemos”, aconsejó.

Su llamado también está relacionado con los procedimientos con biopolímeros, cuyos efectos pueden generar complicaciones con el paso del tiempo.

Mia insiste en que su historia no debe ser vista únicamente como una experiencia personal, sino como una oportunidad para crear conciencia sobre los riesgos de someter el cuerpo a intervenciones repetitivas.

“Todo lo que me sacó el doctor valió la pena”

A pesar de las cicatrices, la parálisis y los meses de terapia que todavía tiene por delante, Mia asegura que no se arrepiente de haber tomado la decisión de retirar los polímeros.

“Valió la pena”, afirmó.

Ahora espera que el tiempo haga su parte y que, después de completar la recuperación, pueda volver al quirófano únicamente para corregir las secuelas que quedaron en su rostro.

Mientras tanto, aparece ante las cámaras prácticamente al natural, sin maquillaje, mostrando un rostro que todavía está en proceso de sanar.

Y detrás de esa imagen hay una mujer que reconoce que durante años buscó transformar su apariencia y que hoy, después de atravesar una de las experiencias más difíciles de su vida, parece haber encontrado una respuesta diferente: parar, esperar y aprender a aceptar el cuerpo que tiene.

“Espero que el tiempo pase volando para volver a brincar, saltar y hacer todas las locuras que en realidad me hacen falta”, expresó.

Porque para Mia Cepeda, esta vez el verdadero cambio no parece estar en una nueva cirugía, sino en aprender cuándo decir: hasta aquí.

 

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