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Los apagones en la República Dominicana: Un golpe a la salud y a la economía

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Panorama Opinión. -Recientemente, hemos analizado en dos artículos las prolongadas tandas de cortes de luz que afectan a todo el país. Hoy, es crucial que analicemos estos apagones desde una perspectiva diferente, profundizando en los efectos negativos que este desorden eléctrico tiene para la salud humana y para la economía de nuestra nación.

Efectos en la salud humana

El impacto de los apagones va mucho más allá de la simple incomodidad. El calor y la falta de ventilación, especialmente en un país con el clima de la República Dominicana, pueden exacerbar condiciones respiratorias crónicas como el asma, afectando de manera crítica a niños y adultos mayores que dependen de nebulizadores u otros equipos médicos. La interrupción del servicio eléctrico también puede provocar golpes de calor y deshidratación, un riesgo grave para las poblaciones más vulnerables.

Además, la falta de refrigeración causa el deterioro de alimentos, lo que puede llevar a un aumento de casos de intoxicación alimentaria y enfermedades digestivas. Por si fuera poco, la incertidumbre y la frustración que generan los cortes de energía constantes tienen un costo psicológico, provocando estrés, ansiedad y trastornos del sueño en la población. Aún más grave, los apagones son un factor crítico que contribuye a los trastornos de salud mental. Y en lo físico, representan un grave riesgo, pues se convierten en la causa principal de incendios en viviendas debido al uso de velas y otros utensilios improvisados para iluminarse.

Efectos en la economía y el Estado

Las consecuencias económicas de los apagones son igualmente devastadoras. Las empresas de todos los tamaños sufren una pérdida significativa de productividad, ya que la maquinaria se detiene, los sistemas informáticos colapsan y el trabajo se paraliza. Esto no solo afecta las ganancias, sino que también pone en riesgo el empleo de miles de trabajadores.

La interrupción del servicio eléctrico causa daños materiales severos. Los picos de tensión al regresar la luz pueden quemar electrodomésticos, equipos de oficina y maquinaria industrial, generando pérdidas que muchas familias y pequeños negocios no pueden afrontar. La necesidad de adquirir y mantener costosos generadores de energía no solo aumenta los gastos operativos, sino que también desvía recursos que podrían ser invertidos en crecimiento o innovación. El comercio, especialmente el sector de alimentos y bebidas, sufre directamente la pérdida de productos perecederos. Sencillamente, los apagones conducen a los colmados y otros comercios por el camino de la quiebra, rumbo a la desaparición y con un pasaporte y visa al desempleo.

El propio Estado se ve gravemente perjudicado por los apagones. Un claro ejemplo son los hospitales, que se encuentran entre las instituciones más afectadas. El servicio de asistencia sanitaria se ve directamente lacerado, y el presupuesto hospitalario es desviado de sus fines originales para financiar la compra de combustible para los generadores, afectando así la calidad y la continuidad de la atención a los pacientes. Cuando un servicio esencial como la electricidad se brinda de manera deficiente, el crecimiento y desarrollo de un país se ven seriamente comprometidos. Este mal servicio no solo imposibilita el progreso, sino que también destruye todo lo avanzado en materia social, frustrando los esfuerzos de gobiernos pasados y del actual. El impacto de los apagones es un retroceso que castra el desarrollo de la nación.

La seguridad ciudadana: un aliado de la delincuencia

El presidente Luis Abinader prometió una transformación policial con el objetivo de enfrentar la delincuencia, el microtráfico y fortalecer la seguridad ciudadana. Sin embargo, los apagones son el mayor aliado de la delincuencia y el principal enemigo de las ejecutorias en materia de seguridad de un país. A veces me pregunto si el señor presidente y sus colaboradores van a continuar en su burbuja de creencia de que todo está bien en el país y que, con su llegada en el 2020, ha nacido otra República Dominicana.

Conclusión

Los apagones en la República Dominicana no son solo un problema de confort; son una crisis multifacética que amenaza la salud pública y socava la estabilidad económica del país. Los costos se miden no solo en dólares, sino también en el deterioro de la calidad de vida, el aumento de enfermedades y la pérdida de la confianza ciudadana. La solución a este problema es más que una cuestión de infraestructura; es un imperativo de gobernanza que exige una acción inmediata, transparente y efectiva para proteger el bienestar y el futuro de todos los dominicanos.

El pueblo ya está cansado de cuentos y promesas de mejorías en el servicio. Que si la pérdida por la transmisión eléctrica, que si el sargazo, que si el elevado consumo por el verano o que si entrarán en servicio nuevas plantas. Ya los cuentos no son suficientes y las justificaciones colman la paciencia de los dominicanos. El presidente Luis Abinader está obligado a poner el oído en el corazón del pueblo y ponerse en el lugar de los más desposeídos del país. La ciudadanía ha manifestado su descontento y es su responsabilidad escuchar el clamor popular y transformar la política de los préstamos en una política de soluciones reales. De lo contrario, los apagones no solo seguirán oscureciendo nuestras calles, sino que también continuarán nublando el futuro de nuestra nación.

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