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La venganza que cambió las telecomunicaciones

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Panorama Opinión. -A finales del siglo XIX, cuando las conexiones telefónicas dependían de operadores humanos, un hombre llamado Almon Strowger, un simple director de funeraria sin experiencia alguna en telecomunicaciones, descubrió que algo extraño ocurría con su negocio.

Una operadora —casualmente esposa de su competidor, dueño también de una funeraria— desviaba las llamadas destinadas a la empresa de Strowger hacia la de su marido. De ese modo lo sacaban del juego y se quedaban con los clientes.

Indignado, Strowger presentó su queja ante las autoridades. Pero, como suele pasar, nadie le hizo caso. Imagínese aquella época… ¿Quién podía concebir semejante trampa? Eso demuestra, señores, que el engaño siempre ha existido; el querer sacar ventaja en detrimento del otro y la maldad del hombre han estado presentes desde siempre. Me remonto incluso al texto bíblico cuando Eva muerde la manzana prohibida. Pero bueno, ese será tema para otro artículo.

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Lo que para muchos habría significado el final, para él se convirtió en un reto personal. Decidió no rendirse, vengarse y tomar el problema en sus propias manos.

No dormía; solo pensaba y analizaba. Y en 1891 patentó la primera central telefónica automática, un invento que eliminaba la manipulación de los operadores y aseguraba que cada llamada llegara directamente a su destino. Lo que nació como una respuesta a una injusticia terminó transformándose en un invento que revolucionó la historia de las telecomunicaciones.

La enseñanza de Strowger es clara: no necesitamos ser expertos para cambiar el rumbo de la historia. No era ingeniero ni técnico, era un funerario que se negó a dejarse vencer por la trampa de otros.

De su adversidad nació una innovación que aún hoy usamos. Y así nos recuerda que cada obstáculo puede ser la chispa de nuestro mejor invento.

En la vida, lo importante no es lo que te hacen, sino lo que tú haces con eso. Al final, como Strowger, todos podemos convertir una injusticia o una mala noticia en una oportunidad para dejar un legado.

Recuerden lo que dijo Warren Buffett: “En tiempos de crisis, unos lloran y otros venden pañuelos”. Esta expresión significa que, en medio de una dificultad, hay quienes se lamentan (lloran), mientras que otros ven la situación como una oportunidad para ofrecer soluciones. No se trata de negar la crisis, sino de analizarla en su justa dimensión y encontrar en ella un camino para obtener beneficios y crecimiento.

La vida siempre nos pondrá pruebas. De nosotros depende decidir si nos quedamos llorando… o si nos atrevemos a vender pañuelos.

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