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La soledad del poder: Abinader y el legado de los imperios antiguos

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Por Rolando Espinal

Empresario, formador y autor de Emprendimiento con propósito

Panorama Opinión. El gobierno, en su esencia más pura, es un ejercicio de soledad compartida – una paradoja donde el líder debe cargar sobre sus hombros el peso de decisiones que afectan a millones, mientras es observado por colaboradores cuyos intereses no siempre se alinean con el bien común. Para el presidente Luis Abinader, a 33 meses de concluir su administración, esta soledad se ha convertido en una realidad tangible que determinará su lugar en la historia dominicana. La soledad del poder no es un fenómeno nuevo; encuentra sus raíces en las filosofías de gobierno más antiguas y en las experiencias de los grandes imperios que moldearon nuestra civilización.

Este análisis busca tender un puente entre el pensamiento clásico y los desafíos contemporáneos de la administración Abinader, utilizando como marco conceptual los modelos de gobernanza de griegos, romanos y otomanos. La tesis central es clara: la desconexión entre un gobernante y su gabinete no es simplemente un inconveniente administrativo, sino una falla estructural que ha determinado el ascenso y caída de imperios a lo largo de la historia. Como bien advierte el autor en su introducción, «cuando la soledad del poder pasa las puertas del corazón de un gobernante que tiene que terminar bien pero su gabinete en su gran mayoría está en lo suyo», el resultado final invariablemente recae sobre los hombros del líder.

Fundamentos Filosóficos: la soledad del gobernante en el pensamiento clásico

La filosofía griega entendía el poder como una carga solitaria. Platón, en su República, visualizaba al gobernante ideal como el «filósofo-rey» – una figura que, por su acceso al conocimiento superior, inevitablemente experimentaría la incomprensión de quienes le rodeaban. En La Apología de Sócrates, este concepto se lleva a su expresión más dramática cuando el filósofo, enfrentando la muerte, declara que «un hombre que vale algo no se calcula las probabilidades de vivir o morir» cuando defiende lo correcto. Para Sócrates, la integridad en el ejercicio del poder requería una disposición a estar solo frente a la mayoría.

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Aristóteles, por su parte, abordó esta problemática desde una perspectiva más práctica en su Política. Al analizar las distintas formas de gobierno, identificó que la degeneración de los sistemas políticos ocurría precisamente cuando los gobernantes comenzaban a priorizar intereses particulares sobre el bien común. La «aristocracia» se convertía en «oligarquía» cuando los nobles gobernaban para su propio beneficio en lugar del interés general – una advertencia que resuena profundamente en el análisis del gabinete de Abinader.

Los estoicos romanos, especialmente Marco Aurelio en sus Meditaciones, llevaron este concepto aún más lejos. El emperador-filósofo escribió: «En tanto que eres miembro del cuerpo social, trabaja para el bien de éste con todo tu corazón». Estas palabras, escritas desde el frente de batalla del Danubio, encapsulan la esencia del servicio público desinteresado que parece ausente en segmentos del actual gobierno dominicano. La soledad del poder encuentra en Marco Aurelio su expresión más elocuente – un hombre cargando el peso de un imperio mientras reflexionaba sobre la fugacidad del poder y la importancia de gobernar con virtud.

Modelos de Gobernanza Histórica:

Lecciones de los Imperios

La República Romana y el Equilibrio de Poderes

El sistema romano de gobierno se caracterizó por su elaborado sistema de contrapesos diseñado específicamente para evitar la concentración excesiva de poder en una sola persona. Los cónsules compartían el mando, el Senado proporcionaba continuidad, y los tribunos de la plebe protegían los intereses del ciudadano común. Este sistema, sin embargo, comenzó a colapsar cuando figuras ambiciosas como Julio César priorizaron su gloria personal sobre las instituciones republicanas. La lección para la administración Abinader es clara: un gabinete fragmentado donde cada ministro persigue agendas personales inevitablemente debilita la efectividad del gobierno en su conjunto.

La Democracia Ateniense y la Participación Ciudadana

El modelo ateniense nos ofrece otra perspectiva crucial sobre la soledad del poder. En la Asamblea ateniense, todos los ciudadanos podían participar directamente en la toma de decisiones, creando un sistema donde el poder estaba distribuido. Sin embargo, este sistema demostró ser vulnerable a la demagogia y a los intereses faccionales, particularmente durante la Guerra del Peloponeso. La experiencia de Atenas sugiere que cuando los líderes privilegian su popularidad personal sobre las necesidades estratégicas del estado, el resultado es often el declive nacional. La advertencia para los ministros de Abinader que «tienen aspiraciones políticas de posiciones electivas» es evidente: el cálculo político personal no debe socavar la cohesión del gobierno.

El imperio Otomano y la lealtad institucionalizada

El sistema de gobernanza otomano desarrolló mecanismos elaborados para mantener la lealtad de sus funcionarios. A través de la «devşirme» – un sistema de reclutamiento de administradores basado en mérito más que en herencia – los otomanos crearon un cuerpo de servidores públicos leales directamente al Sultán. Sin embargo, como documenta Florin Soporan en su análisis del siglo XVI, incluso este sofisticado sistema enfrentaba desafíos cuando las periferias del imperio comenzaban a actuar de forma independiente. La investigación de Soporan sobre la relación entre Transilvania y el Imperio Otomano revela cómo «la incapacidad de movilizar fuerzas» y los «conflictos entre prioridades políticas» pueden llevar a la fragmentación del poder efectivo. Esta dinámica encuentra ecos inquietantes en la observación mías, sobre cómo han dejado solo a Abinader.

Tabla 1: Modelos de Gobernanza Histórica y Lecciones para la Administración Abinader

Imperio Mecanismo de Gobernanza Fortalezas Debilidades Lección para RD

República Romana Sistema de contrapesos y separación de poderes Estabilidad institucional, prevención de tiranía Vulnerable a ambiciones personales Un gabinete unido es esencial para la efectividad

Atenas Democrática Participación ciudadana directa Rendición de cuentas, transparencia Susceptible a demagogia y faccionalismo Las aspiraciones políticas personales debilitan la cohesión

Imperio Otomano Sistema de mérito y lealtad institucional Lealtad al liderazgo central, eficiencia administrativa Rigidez burocrática, resistencia al cambio La lealtad debe estar al servicio del proyecto nacional

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La soledad de Abinader: un presidente sin red de seguridad

La observación de Espinal sobre la soledad de Abinader – «lo vemos como digno hijo de su padre dando la cara por todos como si él fuera el vasallo más no el emperador» – revela una dinámica de gobierno preocupante. El presidente aparece consistentemente como el rostro público de su administración, mientras que muchos de sus ministros permanecen notablemente ausentes de la defensa pública de las políticas gubernamentales. Esta asimetría no es simplemente una cuestión de estilo, sino un síntoma de fallas estructurales en la cohesión del gabinete que amenazan la efectividad misma del gobierno.

La referencia a Donald Trump y los republicanos – «la enfermedad que los republicanos se buscaron por dejar a Donald Trump solo» – sirve como advertencia transnational sobre las consecuencias de un partido fracturado. Como muestran los documentos de la administración Trump, la efectividad gubernamental requiere una coordinación estrecha entre el liderazgo ejecutivo y sus agencias. Cuando esta coordinación se rompe, el resultado es invariablemente la parálisis o la implementación inconsistente de políticas.

Los tres tipos de ministros: una anatomía del gabinete

El análisis de Espinal identifica una taxonomía precisa de los miembros del gabinete:

1. Los honorables e íntegros (los menos): Estos ministros representan el ideal del servicio público – comprometidos con los objetivos del gobierno y dispuestos a subordinar sus ambiciones personales al bien común. Su escasez, sin embargo, limita su impacto colectivo.

2. Los que tienen aspiraciones políticas: Este grupo utiliza sus posiciones ministeriales como plataformas para futuras campañas electorales, motivados más por «inmunidad o para alimentar su hambre de un poquito más» que por el éxito del proyecto de gobierno en su conjunto.

3. Los callados que no aspiran: Espinal los describe como aquellos que «están escondiendo la cabeza como el avestruz pues el que calla otorga». Su pasividad ante los desafíos del gobierno representa una forma de abandono por omisión – quizás más dañina que la oposición activa porque viene disfrazada de lealtad.

Esta anatomía del gabinete revela por qué Abinader «no tiene quien lo defienda en todo terreno» – una realidad que mina la efectividad gubernamental y explica por qué el presidente debe cargar disproportionatemente con el peso de su administración.

Los desafíos de gobernanza: de la teoría a la práctica dominicana

La gestión económica: entre los números y la realidad

La observación sobre la deuda pública dominicana merece un análisis detallado. Como señaló el Ministro de Hacienda, «los niveles de deuda con relación al PBI en términos porcentuales están bajo control» – una afirmación técnicamente correcta que, sin embargo, enmascara realidades preocupantes. Quiero utilizar una metáfora elocuente: «si no llevas dinero platico o cash lo demás es una verdad en números pero una mentira pues la deuda cuantitativa crece, crece y crece como los espaguetis famosos».

La reforma fiscal integral que yo catalogo como «un tema de 911» representa precisamente el tipo de desafío que requiere un gabinete cohesionado. Como señalan los principios de gobernanza moderna, la efectividad en la implementación de políticas complejas depende críticamente de la coordinación interinstitucional y la alineación de objetivos . La «revisión de excepciones y focalización de las ayudas usando el mapa de pobreza» que propongo retomar, pues operó eficazmente en el pasado, requiere precisamente esta coordinación que parece faltar en la actualidad.

Hacia un modelo de gobernanza efectivo: lecciones desde la teoría

Los modelos de gobernanza contemporáneos ofrecen insights valiosos para la administración Abinader. La literatura especializada identifica distintos enfoques – centralizado, descentralizado, híbrido y adaptativo – cada uno con ventajas y desventajas específicas . Para el desafío particular que enfrenta Abinader, un modelo híbrido bien estructurado podría ofrecer el equilibrio necesario entre coordinación centralizada y autonomía departamental.

La investigación sobre gobernanza en sistemas complejos destaca que los modelos efectivos «equilibran las compensaciones entre la estandarización y la personalización, la centralización y la descentralización, y el control y el empoderamiento» . Esta perspectiva es crucial para entender lo que necesita la administración Abinader en sus meses finales: un sistema donde la autoridad del presidente se ejerza sin sofocar la iniciativa ministerial, pero donde los ministros actúen alineados con una visión común.

Tabla 2: Problemas de Gobernanza Identificados y Soluciones Potenciales

Problema Identificado Manifestación Concreta Consecuencia Solución Propuesta

Gabinete fragmentado ministros con agendas personales contradictorias Políticas inconsistentes, mensajes contradictorios Reuniones de alineación estratégica, métricas de desempeño compartidas

Soledad del presidente Abinader como único rostro visible de la defensa gubernamental Agotamiento del liderazgo, percepción de debilidad Distribución equitativa de la comunicación pública entre ministros

Gestión económica cuestionable Discrepancia entre indicadores macro y realidad micro Credibilidad erosionada, desconfianza ciudadana Comunicación transparente, reforma fiscal comprehensiva

Aspiraciones políticas ministeriales Campañas anticipadas que distraen de responsabilidades gubernamentales Falta de enfoque en implementación de políticas Pacto de lealtad gubernamental, regulación de actividades políticas

Conclusión: el legado en la balanza-un llamado a la unidad

A 33 meses del fin de su administración, Luis Abinader se encuentra en una encrucijada histórica. Por un lado, la oportunidad de consolidar un legado transformador en la historia dominicana; por otro, el riesgo de ser recordado como un presidente capaz cuyo potencial fue limitado por la desconexión con su propio gabinete. Como advierto, «al final lo bueno o lo malo lo pagaremos todos» – una verdad que trasciende administraciones y pertenencias partidarias.

La soledad del poder no es inevitable. Los modelos de gobernanza efectiva – desde los romanos hasta los otomanos – demuestran que la lealtad institucional, los sistemas de mérito y la claridad de propósito pueden mitigar los efectos corrosivos de la ambición personal y la fragmentación. Lo que se requiere ahora es un esfuerzo consciente por reconstituir el equipo de gobierno alrededor de los objetivos fundamentales que originalmente los unieron.

El llamado a todos los ciudadanos- «Unámonos para que este gobierno termine bien» – representa no solo una esperanza, sino una necesidad práctica.

La alternativa, como demostraron los imperios antiguos, es el declive gradual y la pérdida de oportunidad histórica. Para Abinader, el desafío inmediato es transformar la soledad del poder en un liderazgo cohesionado – reconquistando a su gabinete para los fines últimos del estado dominicano más allá de ambiciones personales o sectoriales.

En el mundo clásico, los estoicos enseñaban que la virtud del líder se medía no por su popularidad, sino por su integridad en el ejercicio del poder. Marco Aurelio escribió: «No es que hayamos vivido poco, sino que hemos desperdiciado mucho». Para la administración Abinader, el tiempo que resta debe ser aprovechado plenamente – superando la soledad a través de la reconstrucción de un proyecto común que, trascendiendo individuos, sirva genuinamente a la nación dominicana. El reloj histórico está en marcha, y como bien advierte el autor: «Dios nos agarre confesados».

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