Reportaje

La primera procuradora: Pura Luz Núñez y el precio de ser pionera en el gobierno de Balaguer

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Por: Elena Crespo

Al compás de las crónicas de la provincia Espaillat, cuna ganadera y agrícola de la nación, Pura Luz Núñez nació en Moca el 29 de diciembre de 1945. Sin embargo, fueron las calles y la energía vital del barrio Los Pepines en Santiago las que templaron su espíritu y definieron su mirada. Con el rumor urbano como banda sonora de su infancia y juventud, esta joven albergaba una convicción inquebrantable y moderna, tenía la férrea voluntad de convertirse en abogada, trazando un camino propio hacia los códigos y las leyes desde el corazón vibrante de la Ciudad Corazón.

Su historia no es la de una carrera planificada bajo la sombra de la fortuna política, sino la de una vocación de servicio que floreció a golpe de méritos, en una época en la que la carrera judicial no existía como la conocemos hoy, ni las mujeres eran favorecidas en posiciones de responsabilidad en la Justicia, puesto que, en su mayoría, eran los militares de alto rango quienes las ocupaban.

Pese a la oposición inicial de su familia, con una larga y arraigada tradición en los negocios, Pura Luz forma parte de la segunda promoción de Derecho de la Pontificia Madre y Maestra (PUCMM) de Santiago. Cuarto y quinto lo hace en Santo Domingo, en la Universidad Autónoma (UASD). Como estudiante universitaria comparte apartamento con una familia que vivía en la calle Hostos, próxima a la calle El Conde y la Cafetera, centro cultural y espacio de debate político y literario. 

Mafia inmobiliaria en Santiago

“En Santo Domingo había dos cursos, porque éramos numerosos en el aula. Ella estaba en un curso y yo estaba en otro, pero la conocí como amiga y la tenía afecto. Tenía un carácter fuerte. De hecho, hoy en día siempre pregunto a nuestra compañera Clara Frías por ella”, relata el jurista Emmanuel Esquea Guerrero.

Con el título de doctora en Derecho en 1969, ese mismo año comienza su ejercicio profesional en la céntrica calle 16 de Agosto de Santiago de los Caballeros. En este icónico emplazamiento, próximo a los principales puntos de la urbe, el expresidente Salvador Jorge Blanco tenía su bufete de abogados que había puesto con el nombre de Orlando Cruz, en honor póstumo a uno de sus más íntimos amigos. Un lugar de trabajo, que la expuso a las complejidades del litigio civil y penal desde sus inicios.

Entre los documentos consultados en el Archivo Nacional de la Nación, un formulario personal de la Secretaría Administrativa de la Presidencia de Joaquín Balaguer, revela que su profesión es » Abogado de Oficio» de la primera Cámara Penal del distrito judicial de Santiago.

“Cuando estudiaba Derecho en la PUCMM, me pusieron una tarea de ir a estrado a una audiencia. Yo fui con ella que era defensora pública, abogada de oficio. Me aconsejó mantener el control y no dejarme dominar por los nervios porque, como quiera que sea, era una situación no vivida. Uno en clase expone, explica, replica, pero en estrado es distinto, porque es otra situación. Pura tenía profesionalmente muy buena reputación en Santiago. No se prestaba a maniobras, no dejaba los casos tirados, y defendía a las personas con todo su saber y carácter.  Pura era buena abogada”, relata la exprocuradora Miriam Germán.

Su compromiso y talento no pasaron desapercibidos, llevándola a ocupar cargos de creciente responsabilidad. Con el presidente Joaquín Balaguer, el Senado la nombra en 1976 jueza de paz en la segunda circunscripción, un puesto que le permitió entender de cerca la justicia en su nivel más fundamental, abarcando a los municipios de Jánico, San José de las Matas y Sabana Iglesia, además de una parte de la propia ciudad de Santiago.

En 1978, trabaja como ayudante fiscal del entonces procurador fiscal del Distrito Nacional, Julio Ibarra Ríos.

“Yo la conocí en aquel entonces, ella entró primero que yo a la fiscalía. La primera fue Griselda Cordero. Nosotras nos llevamos muy bien e hicimos química en seguida, porque la dos somos de Moca. Incluso, un tío de ella era profesor y era muy amigo de mi familia. Pura, tenía una gran rectitud y demostraba un compromiso inquebrantable con la deontología profesional. Una persona íntegra y muy responsable en el desempeño en su trabajo”, expone la magistrada Ana María Burgos, con más de 30 años en el Ministerio Público.

Su carrera continuó en la fiscalía, donde se desempeñó como ayudante de fiscal de figuras clave como Julio Miguel Benoit Martínez y Alfredo Balcácer. Fue Américo Espinal quien se la llevó a la Procuraduría con la misma posición de ayudante del fiscal y posteriormente Salvador Jorge Blanco la fijó como ayudante del procurador de la Corte.

“Yo estaba en la Procuraduría cuando la destinaron. Con Américo Espinal fue ayudante del procurador”, cuenta Esquea Guerrero.

Apenas 25 días antes de que el presidente Joaquín Balaguer asumiera el poder, Jorge Blanco la designó procuradora de la Corte de Santo Domingo. Aunque Castaño Espaillat intentó destituirla de oficio, fracasó cuando ella le recordó que su remoción solo podía efectuarse mediante decreto presidencial. Posteriormente, en agosto de 1987, con tan solo 41 años, Balaguer la designó Procuradora General de la República, un hito que la convirtió en la primera mujer en ocupar dicho cargo en la historia judicial del país.

“Pura Luz fue Procuradora General de la República en un momento cuando todavía no existía la carrera del Ministerio Público. Puedo decirte que salió sin ningún tipo de ruido. Actuó siempre apegada a la ley y la verdad que no hay nada que decir en términos negativos de su gestión”, señala el exprocurador, abogado y político Radhamés Jiménez.

La tarea era ardua: el país atravesaba un momento convulso. La política económica, orientada a estabilizar la situación, se centró en contener la demanda al limitar los salarios. Específicamente, el salario mínimo se situaba 16% por debajo del nivel alcanzado en 1980, lo que afectó directamente a aquellos de menores ingresos.

Para reducir el déficit fiscal, se aumentaron los ingresos y se recortaron los gastos corrientes. A estas medidas se sumó un ambicioso programa de inversiones públicas y un fuerte respaldo a la agricultura, el turismo y la zona franca. Sin embargo, esta estrategia tuvo un costo en la deuda externa: «Para evitar que los pagos por servicio de la deuda externa perjudicaran la actividad económica interna, los pagos en mora aumentaron en más de 130 millones de dólares, con lo que a fin de año los atrasos acumulados bordearon los 450 millones de dólares», señala Antonio Ciriaco Cruz, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD.

En este complejo contexto, Pura Núñez aceptó el desafío de ser la primera mujer en liderar la Procuraduría, siendo juramentada en horas de la tarde, por el secretario de la Presidencia, Rafael Bello Andino, en su oficina en la tercera planta del Palacio de Justicia del Centro de Los Héroes. En la ceremonia de juramentación estuvieron presentes el procurador saliente, Ramón González Hardy, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Néstor Contín Aybar, así como los directores de las distintas dependencias de la procuraduría general. 

“Siendo como era Balaguer, me luce que tenía noticias de cómo era ella, de la integridad, de la capacidad, y quiso sentar ese precedente. Pura Luz era una personal leal no era dada al chisme. Tenía eso sí, un carácter fuerte y al que había que responder, le respondía. No solía transgredir el lenguaje correcto, pero sí tenía carácter, Pura”, aduce la exprocuradora Germán.

El periódico El Caribe, el 19 de agosto de 1987 titula:  «Procuradora acepta reto designación» y resalta que Núñez accedió el cargo como un desafío y una distinción que la obligaba textualmente a «rendir los frutos que de ella espera la sociedad dominicana». En el artículo, Núñez expresa gratitud al presidente Balaguer por la confianza depositada en ella. El artículo detalla su historial profesional como ayudante de Alfredo Balcácer, luego su designación como procuradora adjunta y su promoción a procuradora fiscal del Distrito Nacional el 17 de agosto de 1987. El texto aclara que su nombramiento como Procuradora General es la culminación de esa trayectoria, que comenzó en 1982.

“Como periodista que ejerció en aquella época, puedo decir que ella no fue nunca una procuradora mediática, fue tradicional y, sobre todo, discreta”, explica Fanny  Santana, galardonada con el Premio al Mérito Periodístico que otorga la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte).

Su posición al frente de la Procuraduría estuvo marcado por su firmeza en casos de alto perfil que ocuparon la atención pública de la época. Dirigió la acusación del Estado en los procesos por corrupción administrativa contra el expresidente Salvador Jorge Blanco y varios de sus exfuncionarios, incluido Rafael Flores Estrella. Su papel fue decisivo en la preparación de los expedientes y en la presentación formal de los cargos ante la Suprema Corte de Justicia, que conoció el caso en única instancia.

“El Procurador General de la República en ese entonces, tenía un equipo de tres o cuatro abogados ayudantes, lo que hoy día son los procuradores adjuntos, que de acuerdo con la Ley No.133-11 son un total de 14 adjuntos. Que ejercen las funciones del Procurador General por ante la Suprema Corte de Justicia y las demás funciones delegadas. Recuerdo al magistrado Ángel Castillo, que trabajó muy de cerca con Pura Luz, y fue uno de sus abogados ayudantes”, aclara Ana María Burgos, quiera fuera Procuradora General Adjunta de República Dominicana.

Su actuación marcó un precedente histórico, ya que fue la primera vez que un expresidente y su gabinete enfrentaban juicio por corrupción en el país. Del mismo modo, tuvo injerencia en los casos de Fulgencio Espinal.  También los casos de Héctor Méndez,  Pathenio Ortiz y Hugo Bueno Pascal, que pusieron a prueba la institucionalidad y la independencia judicial del país.

“Mire, a nosotras las mujeres, las cosas nos cuestan el doble que a los hombres. En esa posición, para una mujer como Pura, que no se dejaba, digamos, narigonear de nadie, no debió ser un vals”, asegura la exprocuradora Germán.

Rendición de cuentas

En la Memoria correspondiente al año 1987 de la Procuraduría General de la República, se detallan las actividades y logros durante ese año. La documentación ofrece un vistazo a la gestión de Pura Luz Núñez en su periodo en el cargo, incluyendo su enfoque en investigaciones en todo el país para mejorar la «celeridad y eficiencia en la administración de la justicia», según se constata literalmente en el documento.

Las memorias también subrayan que la Procuraduría mantuvo un contacto constante con el Ministerio Público y la Policía Judicial, realizando «continuas visitas» a los departamentos y distritos judiciales para asegurar una «eficaz organización con sujeción a la ley». Por otra parte, se dictaron circulares para el traslado de reclusos de la cárcel de Cotuí, se establecieron acuerdos para el suministro de alimentos a cárceles y se coordinó la provisión de medicamentos.  «Ello revela el constante propósito de lograr una mejor administración de justicia y el anhelo de alcanzar el más eficiente funcionamiento de todos los organismos e instituciones dependientes de este Despacho». 

Su liderazgo fue abruptamente interrumpido por Balaguer, quien la destituye luego de un año de gestión.

“En esa época todo dependía de la discrecionalidad del presidente y de la voluntad de los políticos. Quizás por recomendación de alguno de ellos, se le sugirió al presidente que su permanencia no era conveniente, por lo que dispuso su destitución y nombró a otra persona”, explica el exprocurador Jiménez.

Reconociendo su valía, Balaguer le ofreció el puesto de jueza de la Junta Central Electoral, una oferta que ella rechazó, manteniendo su integridad y su compromiso con su propia vocación.  Tras su salida, continuó su labor como abogada igualada en la Superintendencia de Seguros, se desempeña como consultora jurídica de la Rosario Dominicana, continúa con la práctica privada e ingresa en la Oficina Supervisora de Obras del Estado, donde se desempeña como asesora legal externa, demostrando su adaptabilidad y su valor en distintos frentes del servicio público.

De acuerdo con el Decreto No. 409-10, emitido por el expresidente Leonel Fernández, el doce de agosto del 2010, Núñez se encuentra en la lista de servidores públicos a quienes se les concede el beneficio de la jubilación y se les asigna una pensión del Estado, por un monto de RD$50,000.00 mensuales.

“Cuando consolidamos la carrera del Ministerio Público, le dimos un giro. Convencimos al presidente y a los ministros de la reforma del año 2010. Consagramos la carrera del Ministerio Público para lograr su independencia del poder Ejecutivo, aunque el procurador y la mitad de sus adjuntos seguían siendo nombrados por el presidente de la República”, apunta Jiménez.

La historia de Pura Luz Núñez es la de una pionera, una mujer que abrió camino en un entorno dominado por hombres, mucho antes de que se estableciera la carrera judicial en la reforma constitucional de 1994, que formalizó el sistema de ingreso y ascenso por méritos en el poder judicial dominicano. Su ejemplo resalta la importancia de la vocación de servicio y la construcción de una carrera en base a la experiencia y el conocimiento, un testimonio de que la justicia, en su esencia, no tiene género, solo principios.

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