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“Kairos contra Crono: la traición del hijo y el tablero del 2028”

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Panorama Opinión.- No es la primera vez que la política dominicana se parece más a una tragedia griega que a un informe de la Junta Central Electoral, pero quizás nunca antes el paralelo resultó tan descarnado. Los antiguos distinguían entre dos caras del tiempo: Crono, el dios que devora a sus hijos, el tiempo sucesivo, cuantificable, el que mide los relojes y las encuestas; y Kairos, el momento oportuno, la coyuntura que no regresa, la hendidura en la roca del devenir donde el hombre sagaz coloca su cuña.

En la República Dominicana del 2026, con la mirada fija en febrero y mayo del 2028, la disputa entre el Crono de las elecciones y el Kairos de las decisiones estratégicas se ha vuelto el eje de una comedia política donde cada partido cree ser el autor, pero todos resultan personajes de una obra que escribe el que mejor entiende el momento. Y en el centro de este entramado, una pregunta flota como un fantasma en el salón del poder: si el tiempo es un círculo que devora a quien lo ignora, ¿quién está realmente haciendo la jugada maestra bajo el tablero?

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La respuesta, como veremos, tiene menos que ver con el calendario y más con la paciencia de un ajedrecista que sabe esperar mientras sus oponentes se desangran en disputas prematuras.

El hijo que traiciona al padre

Crono, el titán, devoraba a sus hijos por temor a ser destronado. En la política nuestra, el Crono electoral —ese que mide los plazos de inscripción, las fechas de las internas, los días que faltan para el 20 de mayo del 2028— ha sido el instrumento de una traición más sutil. El hijo que traiciona al padre no es un candidato ni un partido: es la urgencia misma, la impaciencia de adelantar las disputas fuera del tiempo justo.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) lo sabe bien. Con Luis Abinader constitucionalmente imposibilitado para la reelección tras la reforma que puso candado a más de dos periodos, el partido oficialista se enfrenta a su propio Crono: el tiempo del relevo generacional, de la definición de un candidato que no divida, de la transmisión de la antorcha sin que el fuego queme al portador. Todo indica, y los corrillos políticos lo repiten como un mantra, que Abinader será el puente hacia esa segunda vuelta inevitable, protegiendo a los suyos mientras pasa el testimonio.

Pero el Crono juega malas pasadas. El PRM tiene problemas internos para la renovación de autoridades y la indefinición en la candidatura presidencial amenaza con abrir heridas que el calendario no puede curar. La urgencia de las internas, de los consensos forzados, de las declaraciones altisonantes que pretenden marcar territorio, todo eso es la traición del hijo Crono: el deseo de poseer el momento antes de que el momento esté maduro.

El ajedrecista global y la división

Mientras el PRM se debate en su Crono doméstico, la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) parecen jugar en un tablero distinto. La FP tiene el camino despejado: Leonel Fernández como candidato indiscutible, una base leal que reconoce en el ex presidente una figura de primer orden con discurso y experiencia. Pero la pregunta que persigue a la FP no es si tiene líder, sino si tiene maquinaria, si los trabajadores de base pueden convertir la simpatía dispersa en votos contados.

Y aquí entra el PLD, no como un partido cualquiera, sino como el ajedrecista global que entiende el Kairos como nadie. El PLD, que fue el amo del poder durante 16 años corridos y ahora es el tercer partido del sistema, ha optado por una estrategia que sus rivales subestiman: transparentar las disputas fuera de su partido. ¿Cómo? Dejando que los otros se desangren en sus guerras internas mientras ellos observan, esperan, y se colocan como el gran ganador de la segunda vuelta.

La sabiduría antigua decía divide et impera, dividir para reinar. El PLD lo ha entendido a la perfección. Mientras el PRM se enfrenta a su propio Crono de sucesión, y la FP busca consolidar una estructura que aún cojea, el PLD —con todas sus contradicciones internas, con sus ocho años fuera del poder y su militancia herida— se perfila como el beneficiario natural de la fragmentación. Los peledeístas, como bien lo señalan los analistas, tienen un espejo en el que mirarse: el PRD, cuya militancia y dirigencia alcanzaron el poder a través de las siglas del PRM. Esa historia se repite, aunque con los nombres cambiados para proteger al inocente.

El error de los demás y la paciencia del estratega

La gran pregunta que atraviesa este artículo, la que todo lector avezado se formula al observar el panorama del 2026 con la mira en el 2028, es la siguiente: si el Kairos es el momento oportuno, ¿por qué todos los partidos parecen actuar como si el tiempo se les acabara, precipitando jugadas que solo favorecen a quien espera?

La respuesta está en la naturaleza misma del Crono. El Crono electoral crea ansiedad: las encuestas que suben y bajan, los plazos que se acortan, los debates que se anuncian. En esa ansiedad, los partidos cometen el error fatal de adelantar las disputas. El PRM se desgarra en la definición de su candidato; la FP se aferra a Leonel como si el tiempo se detuviera con él; y el PLD, en apariencia el más desordenado de todos con su consulta interna de octubre y sus múltiples precandidatos, juega en realidad el rol más calculado.

Temo Montás lo ha dicho con claridad: el PLD va solo a las elecciones porque sus verdugos no se beneficiarán de su base electoral. Pero el «ir solo» del PLD no es el «ir solo» de quien se aísla, sino el de quien sabe que la militancia tiene memoria y que la historia de la organización es que sus mejores éxitos los ha obtenido sin alianzas impuestas. Danilo Medina fue claro: no se puede ir a acuerdo con quienes han sido los verdugos del PLD. Y esa línea, que parece una declaración de principios, es también una jugada de ajedrez: al rechazar la alianza con el PRM, el PLD se coloca como la alternativa pura, la que no se ha vendido al poder establecido, la que espera que el desgaste del oficialismo y la incapacidad de la oposición fragmentada le devuelvan el favor del electorado.

El tiempo, en esta estrategia, no es enemigo sino aliado. El Kairos del PLD no es el de la primera vuelta, donde la fragmentación de la oposición podría dar la victoria a Abinader o a su sucesor. El Kairos del PLD es el de la segunda vuelta, el momento en que el electorado, enfrentado a una disyuntiva polarizada, buscará al candidato que represente la continuidad de un proyecto de nación. Y ahí, el PLD se coloca como el árbitro, el que puede inclinar la balanza sin haber ensuciado sus manos en las trincheras del primer asalto.

El disparo desde el patio trasero

Pero el relato no estaría completo sin una consideración que todos los estrategas saben pero pocos expresan en voz alta: el tiempo político dominicano no es autónomo. La República Dominicana tiene su patio trasero en Estados Unidos, y el disparo de salida para el 2028 no vendrá de Santo Domingo, sino de las elecciones de medio término en noviembre de este 2026, en la nación norteamericana.

Es aquí donde la realidad económica se vuelve el factor determinante. El Kairos no es solo político, es económico. La coyuntura que define el momento oportuno está directamente proporcional al estado de las arcas, al precio del dólar, a la inflación que come el salario, a la confianza de los inversionistas. La región entera, y la República Dominicana como su espejo, depende de la salud del gigante del norte.

Los analistas políticos ya proyectan que la victoria del partido que gane las elecciones de medio término en Estados Unidos —ese que será el 2026 y que marcará el tono del 2028— influirá directamente en el ánimo del electorado dominicano. No es una influencia directa de intervención, sino de espejo: el elector dominicano observa lo que ocurre en su patio trasero y proyecta sus propias expectativas de estabilidad, crecimiento y seguridad.

El partido ganador en esas elecciones de medio término no dictará el voto dominicano, pero sí establecerá el clima económico que definirá si el 2028 es un año de continuidad o de cambio. Porque el voto dominicano, en el fondo, siempre es un voto económico: la gente vota con la cartera, con la memoria de los precios, con la ansiedad del desempleo. Y ese es el Kairos más profundo, el que ningún partido puede controlar directamente pero que todos intentan surfear.

Sinopsis final: el momento y la realidad

Así, el paralelo entre la política griega y la dominicana se completa. Crono devora a sus hijos: las internas prematuras, los candidatos impuestos, las alianzas forzadas que quiebran el espíritu de los partidos. Kairos, en cambio, es la virtud del que espera, del que entiende que el tiempo no es solo medida, sino oportunidad, del que sabe que el momento correcto para adelantar una jugada no es cuando el reloj lo dicta, sino cuando la coyuntura lo permite.

El PLD, en esta lectura, se perfila como el gran ajedrecista porque ha entendido que la victoria no está en la primera vuelta, sino en la segunda. No está en la confrontación abierta, sino en la observación estratégica. No está en la alianza forzada, sino en la paciencia que deja que los demás se desgasten. La división de sus oponentes —el PRM lidiando con su sucesión, la FP consolidando su estructura— es el terreno fértil donde el PLD planta su semilla.

Pero ojo: todo este razonamiento descansa sobre un supuesto frágil. El Kairos solo beneficia a quien tiene la estructura para aprovecharlo. Y el PLD, como bien lo señalan sus críticos, tiene el reto de definir su candidatura sin que se produzca una nueva división en la organización. La consulta interna de octubre de 2026 podría ser el momento en que el PLD, en lugar de consolidar su estrategia, se convierta en otra víctima de Crono, devorando a sus propios hijos en una disputa de nombres.

La realidad económica, entretanto, será el juez final. Si el 2028 llega con una economía robusta, un empleo estable y una confianza ciudadana alta, el partido en el poder tendrá una ventaja que ningún Kairos podrá contrarrestar. Si, por el contrario, el descontento crece, la inflación aprieta y el desempleo asoma, entonces el momento del cambio será ineludible.

El disparo de salida, como decíamos, vendrá del patio trasero. Las elecciones de medio término en Estados Unidos marcarán el tono de la región, y la República Dominicana, fiel a su historia, seguirá la corriente.

Mientras tanto, en el tablero local, los partidos siguen moviendo sus piezas. Unos con la urgencia del Crono, otros con la paciencia del Kairos. Y el espectador —el pueblo, el que vota, el que sufre y espera— observa la obra, preguntándose si esta vez los estrategas habrán aprendido la lección: que el tiempo no se apresa, que las disputas no se adelantan, que el momento oportuno es aquel en que el jugador deja de ser devorado por el reloj y se convierte en el dueño de su propia historia.

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