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Fernando Ravelo el gerente más exitoso del Licey

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SANTO DOMINGO.- Sin lugar a dudas en la gloriosa historia de los Tigres del Licey, muchos gerentes generales han pasado y fueron ganadores, pero al mencionar el nombre d Fernando Ravelo, “se separan las aguas”, estamo en presencia del mejor GM del Licey.

Fernando un hombre que desde finales de loa 1990 ya era directivo, aunque liceísta desde muy jovencito.

“Yo desde la barriga de mi madre era liceísta, no me dieron a elegir y no me arrepiento”, sostiene Fernando al conversar con Dionisio Soldevila en el programa “Extra Inning” que se difunde por VTV canal 32 todos los domingos a la una de la tarde.

AGRADECIDO: “De verdad que agradezco mucho haber estado ligado tanto tiempo al Locey como directivo, gerente y ahora en la cadena de transmisión. Prácticamente toda mi vida he estado de una u otra manera. En mi casa se hicieron múltiples reuniones y encuentros con peloteros y la prensa nacional y viví eso muy de cerca cuando el Licey tenía acuerdo de trabajo con los Dodgers “, sostiene Fernando Ravelo.

Fernando Ravelo del Licey
Fernando Ravelo ha sido el gerente del Licey más exitoso.

Y es que su padre, Fernando Ravelo Sr. fue uno de los principales directivos del equipo. Básicamente desde comienzos del béisbol bajo luces por allá en la época de los 50.

SU INFANCIA EN EL LICEY: “Nosotros veníamos mucho al estadio con mi padre y mi tío, recuerdo que yo venía aquí, la gente no se acuerda unas mesitas que habían en el fondo del estadio, ahí nos sentábamos, veníamos con ellos a todos los juegos que que pudiésemos y todas las actividades, cuando Don Monchín fue presidente por tantos años. Tengo recuerdos muy presentes, siempre desde pequeño viendo peloteros ir y venir. Nosotros siempre relajamos en el colegio entre liceista y escogidista”.

“Me sacaban de las reuniones, porque ai algo se sabía mi papá se cuidaba que no dijeran que los muchachos hablaron. En esas reuniones aprendí mucho, pero a la hora de detalles muy serios, estrategias y demás, nos sacaban. Yo era tranquilo, pero mi hermano y primos se movían más”, recuerda sonriente Fernando.

LLEGÓ A LA DIRECTIVA: “Don Miguel Heded iba a tomar la presidencia luego de que don José Manuel Fernández salió en esa época. Él Licey estaba teniendo dificultades económicas, porque no hay que negar las cosas, hay que decirlas como eran. O sea, los presidentes tenían que hacer muchas cosas para mantener el equipo a flote. Cuando él la va a asumir le pide a la directiva, que eran todos personas más de 50 a 60 años, dice que hay que inyectar directivos jóvenes, y lógico que tuvieron de acuerdo, porque tenía el poder económico, hay que decirlo, en ese entonces era así, y pues entramos Miguel Guerra y yo”.

“Mi papá se niega porque él dice que no era justo que dos del mismo apellido tuvieran dos votos en la directiva, porque hay decisiones que se toman. Entonces no era justo que tuviéramos dos votos los Ravelo. Don Miguel insiste, insiste y se le busca la vuelta de que los votos entre nosotros sea uno solo. Yo no recuerdo exactamente el asunto, pero don Miguel convenció a mi papá. De ahí mi papá me instruyó y me dice ‘tú sabes que vas a ir a reuniones con un grupo de personas que no se pueden insultar. Ellos son amigos de infancia no te metas en pleito de ellos. Tú sólo escuchas y das tu opinión real de lo que tú crees. Pero nunca te vayas de un bando o de otro. Entonces empezó todo y éramos el enlace con la gerencia Guerra y yo. Osea éramos las personas que manejamos las cosas de operaciones”.

CUANDO FUE GERENTE: “Mi época de gerente. Los departamentos de operaciones ahora son catorce, quince integrantes, en el final de los 90 era otro estilo. Adquirí mucha experiencia trabajando de cerca con Rafael Landestoy, Miguel y yo eramos los únicos y llevábamos las informaciones a los directivos don Miguelito se involucraba mucho. Por eso yo siempre he dicho que agradezco mucho a Landestoy, la forma en que yo veía el béisbol es diferente a como se ve desde afuera. Ellos como peloteros la ven de otras formas, o sea, las vivencias que ellos tienen y cómo manejar ese día a día con los peloteros. Yo creo que esas cosas que que vi con él, los que nos decía, todo lo anotamos en un libretica, detalles de contratos, acuerdos, comodidades, y así fue mi base”.

“Cuando Rafael se va por un desacuerdo con el presidente, me dan el puesto, Miguel Guerra estaba ocupado en la empresa familiar, y apenas estábamos a menos de dos semanas de iniciar la temporada y Don Miguel no quería a personas desde fuera del Licey y tuve que hacerme cargo”, sostuvo Fernan.

“Comencé a ver desde adentro lo que yo de afuera a veces criticaba como fanático. Una transición complicada. Porque en materia de experiencia en el terreno de juego y directamente con los jugadores fue un salto. Vamos a decir que abismal. La situación no fue fácil, tuve que adaptarme y mantener a los peloteros contentos, estaba sustituyendo a uno de ellos, un gerente general que acababa de ganar un campeonato. No nos fue tan bien ese año. Nosotros no clasificamos, tuvimos a un juego de clasificar. Ese año había cinco equipos. Tuve que despedir a Ron Washington faltando una semana para terminar el campeonato. Teodoro Martínez llegó desesperado a la oficina que no podía más, ya mi posición estaba a disposición, yo era interino. En ese momento estaba tomando algo que no era un proyecto”, relata Ravelo.

“Me senté con el presidente y lo convencí de permitirme iniciar desde cero una temporada y desde ahí inició mi historia”, comenta.

SITUACIÓN DIFÍCIL: Como iba el Licey era el trato de los fanáticos, “Me insultaba, amenazaban, mi familia no podía salir a la calle. En los supermercados, todo fue tan difícil ese primer año, los fans estaban muy rabiosos. Mientras me ganaba el respeto de los peloteros con buenas relaciones humanas, porque de béisbol.muchos sabían más, en las calles y en el estadio la situación se complica, al punto que a una de mis hijas la agredieron verbalmente que no salía de la casa con miedo. A ese nivel de fanatismo llegan algunos”, declaró Fernando

Al final, Fernando confiesa que temió por la integridad de su familia y a veces en juegos difíciles los dejaba en la casa.

 

 

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