Panorama Salud. Un error que es costumbre en muchas personas, tanto, que ni siquiera se dan cuenta de que lo cometen y que está ligado directamente al aumento de peso, la digestión y el riesgo de enfermedades cardiometabólicas.
El hábito de comer rápido. Según investigaciones esta práctica se asocia a un incremento de peso no deseado, una peor absorción de nutrientes y una mayor probabilidad de desarrollar hipertensión, glucosa elevada, colesterol alterado y obesidad abdominal.
El médico y catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia, José Viña, advierte que comer rápido distorsiona la señal de saciedad y favorece una ingesta calórica mayor.
“Es importantísimo comer despacio para poder comer bien y para comer menos. En muchas ocasiones me he dado cuenta de que si como deprisa, como demasiado. Y esto es un error tremendo” afirma.
Según Viña, esta costumbre también puede tener otras consecuencias digestivas. Además del aumento de peso, se corren riesgos de indigestión y acidez estomacal, por la ingestión de aire y la producción excesiva de ácido, mala absorción de nutrientes, al ingresar los alimentos sin la masticación adecuada y desconexión con el hambre real.
“Si comes rápido, consumirás más comida en 20 minutos que alguien que come despacio. Para cuando alguien que come rápido recibe la señal de saciedad, ya es demasiado tarde: ha comido demasiado y está demasiado lleno”, explica la psicóloga de la Cleveland Clinic, Leslie Heinberg.
Diversas investigaciones también vinculan comer rápido con un mayor riesgo de síndrome metabólico, que incluye presión arterial alta, triglicéridos elevados, glucemia alterada, niveles bajos de colesterol HDL y acumulación de grasa abdominal. Un estudio dirigido por el cardiólogo Takayuki Yamaji, de la Universidad de Hiroshima, examinó a más de mil personas durante cinco años. Los participantes que comían más rápido duplicaban la probabilidad de desarrollar síndrome metabólico en comparación con quienes comían despacio (11,6% frente a 2,3%).
La buena noticia es que este hábito se puede modificar con estrategias sencillas. Según la Cleveland Clinic, tomar más de 20 minutos para comer ayuda a que el cerebro procese las señales del estómago.
Los especialistas aconsejan no comer frente a pantallas, dejar el tenedor entre bocados, evitar llegar con hambre extrema, beber agua durante la comida, masticar con conciencia, elegir alimentos ricos en fibra, tomar bocados pequeños y practicar alimentación consciente.