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Escuelas en ruinas ponen en riesgo a miles de estudiantes a pocos días del inicio de clases

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Panorama Nacional. Padres y maestros denuncian que centros educativos en Santo Domingo Este y San Francisco de Macorís abrirán en condiciones deplorables, con aulas colapsadas, hacinamiento y construcciones abandonadas.

La Escuela Camila Henríquez Ureña, en Brisa del Este, abrirá sus puertas a más de 300 estudiantes, pese a que su capacidad real no supera los 200. El plantel está sostenido por paredes de madera corroída, techos de zinc y ventanas destruidas, mientras la humedad y la carcoma avanzan sin control.

“El centro está hecho de pleyboo y zinc, corroído y ennegrecido por la humedad. Es inhumano enseñar en estas condiciones”, denunció Abel Alcántara, presidente de la Sociedad de Padres.

El equipo del programa Toda la Verdad, conducido por la periodista Odalis Castillo y transmitido por el canal VTV 32 de Medios Panorama, realizó un recorrido por escuelas de Santo Domingo Este y San Francisco de Macorís donde documenta las deplorables condiciones en que se encuentran numerosas escuelas faltando semanas para el inicio del nuevo año escolar, aquí la inseguridad y el abandono es la norma.

“Las grietas en las paredes revelan el abandono que amenaza la seguridad de cientos de estudiantes.”

A pesar de múltiples inspecciones del Ministerio de Educación, las soluciones prometidas —como aulas móviles— nunca llegaron. Además, el agua solo se obtiene con una bomba manual y, en ocasiones, no cubre las necesidades diarias. “Si no se interviene ya, expondremos a nuestros hijos a un inicio caótico y peligroso”, advirtió Alcántara.

Escuelas en abandono en San Francisco de Macorís

La directora Carlita Almánzar, de la Escuela Eusebio Mansueta, lamentó que tras más de una década de promesas incumplidas, su comunidad siga sin un plantel terminado. Hoy, los estudiantes reciben clases en pasillos, áreas administrativas y un club comunitario prestado, mientras las nuevas aulas permanecen cubiertas de maleza.

“La fachada de cartón y madera podrida muestra la precariedad en la que se imparte docencia.”

“Tenemos solo un aula dividida en tres espacios improvisados, donde un maestro interrumpe al otro por la falta de paredes. Es una situación que hiere la educación”, explicó Almánzar.

La precariedad también se extiende a la biblioteca, que opera en un pasillo a la intemperie, y el comedor, que no existe, obligando a los niños a almorzar en el suelo.

Desidia y riesgos para estudiantes

El profesor Waddys Paredes, presidente de la seccional de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en San Francisco de Macorís, denunció que varios centros escolares presentan techos y paredes colapsadas, drenajes abiertos en zonas recreativas y laboratorios inexistentes.

“Un aula sin ventanas y con paredes frágiles, donde el calor y la inseguridad son parte de la jornada escolar.”

“La realidad dista mucho del discurso oficial. No podemos aceptar que cientos de estudiantes inicien clases en planteles que ponen en riesgo su vida y carecen de condiciones básicas”, afirmó Paredes.

En la Escuela María Lajara Enríquez, en La Salsa, los alumnos reciben docencia en una casa alquilada por RD$7,000 mensuales, deuda que ya acumula cuatro meses. “Podemos ser desalojados en cualquier momento”, alertó Carlos Rodríguez, secretario de Organización de la ADP en San Francisco.

“Cada rincón de este plantel deteriorado clama por una intervención urgente para evitar una tragedia.”

Una llamada de urgencia

En la Escuela Salvador Then, estudiantes toman clases en dos aulas de madera deterioradas y un comedor improvisado, con solo dos baños disponibles. “Las condiciones son insostenibles; los niños soportan calor extremo y las grietas empeoran con cada temblor”, advirtió José Burgos, director del centro.

Tanto la ADP como las comunidades escolares exigen al Ministerio de Educación que intervenga los planteles, termine las construcciones abandonadas y garantice condiciones mínimas de seguridad y salubridad antes de iniciar el año escolar.

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