Por: Ing. Jeffrey Infante
Panorama Opinión. El Puente Francisco del Rosario Sánchez —mejor conocido como el Puente de la 17— tiene más de 50 años conectando a Santo Domingo Este con el centro de la capital.
Aunque su nombre oficial es en honor al patricio Francisco del Rosario Sánchez, todo el mundo lo llama “el Puente de la 17” porque conecta directamente con la avenida 17 en Los Mina. Ese nombre popular se impuso en el habla cotidiana por ser la referencia más cercana y conocida por la gente.
Por ahí pasan más de 60 mil vehículos al día, incluyendo carros públicos, guaguas, ambulancias, camiones y miles de personas que cruzan rumbo a su trabajo, al colmado o a resolver cualquier diligencia.
Pero esa estructura, hecha de acero y concreto, está en serio peligro. Solo basta con mirarla desde abajo para notar el óxido, los parches mal puestos, las grietas, las filtraciones y hasta las familias que viven debajo de ella. Y eso no es nuevo. Hace décadas que ese puente debió haberse revisado a fondo y reparado como manda. No se hizo.

Una estructura que ha soportado décadas sin el cuidado necesario
Ese puente fue construido en 1974. Si hubiese recibido los mantenimientos adecuados cada 5 o 10 años, como indica la ingeniería, su vida útil se habría extendido fácilmente hasta los 75 u 80 años. Pero al día de hoy, nunca se le ha hecho una rehabilitación estructural completa. Solo se han hecho “remiendos” aquí y allá. Y eso no basta.
La realidad es que no se cuidó lo que debía cuidarse. Y eso nos involucra a todos: gobiernos de antes, de ahora, instituciones, y también a las autoridades que, pese a las advertencias y denuncias de la ciudadanía durante años, no actuaron con la urgencia ni el compromiso que el caso ameritaba.
¿Qué se debe hacer ahora mismo?
Esto no se trata de política. Se trata de evitar un desastre. Aquí algunas cosas urgentes que deben hacerse:
1. Hacer una evaluación técnica independiente. Con ingenieros calificados que digan con claridad si el puente aguanta un refuerzo o si hay que construir uno nuevo.
2. Sacar y reubicar con dignidad a las familias que viven debajo. Nadie puede vivir debajo de una estructura en ese estado. Y mucho menos si se va a intervenir.
3. Limitar el paso de camiones pesados, por lo menos en horas pico, para evitar que las vibraciones sigan debilitando el puente.
4. Informar con transparencia. La ciudadanía tiene derecho a saber qué se va a hacer, cuánto costará, cuánto tiempo tomará y cómo afectará el tránsito.
5. Crear una entidad que revise y mantenga todas las infraestructuras críticas del país. Porque el problema no es solo este puente. También hay túneles, pasos a desnivel, escuelas públicas, hospitales, mercados, edificaciones viejas, que pueden representar riesgos y que nadie supervisa de forma regular.
¿Y si mañana pasa algo?
Si mañana ese puente colapsa, ya no habrá excusas. Solo quedará el dolor de quienes pierdan a un ser querido. Y el país volverá a preguntarse por qué nadie hizo nada.
Por eso escribo esto. Porque más vale prevenir ahora que lamentar después. Porque estoy convencido de que sí se puede actuar a tiempo. Y porque, aunque todos tenemos una parte de culpa, también tenemos una responsabilidad hoy: hacer las cosas bien.
El Puente de la 17 puede seguir en pie. Pero eso dependerá de las decisiones que se tomen ahora, no después.