Opinión

El merengue: latido eterno de la dominicanidad

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Panorama Opinión. Hablar de merengue es hablar del corazón del pueblo dominicano. Es hablar de lo que somos cuando reímos, cuando resistimos y cuando celebramos la vida aun en medio de las dificultades. El merengue no es solo música: es una forma de sentir, de caminar la vida con alegría y de reconocernos unos a otros sin necesidad de palabras.

Desde los campos humildes hasta las grandes ciudades, desde el colmadón del barrio hasta los escenarios internacionales, el merengue ha sido siempre nuestra banda sonora. En cada compás viven nuestras historias, nuestras luchas y esa alegría rebelde que nos caracteriza. Es el ritmo que une generaciones, que no excluye a nadie y que, con solo sonar, invita al cuerpo y al alma a moverse.

Cardi B y El Prodigio

En ese contexto, “Saturday Night”, interpretado por Cardi B junto a El Prodigio, trasciende lo musical y se convierte en un gesto profundamente simbólico. No es simplemente una canción: es un abrazo entre la raíz y el mundo. El sonido del merengue típico, con su acordeón vibrante, dialogando con una artista de alcance global, nos recuerda algo esencial: el merengue no pertenece al pasado, está vivo, creciendo y viajando sin perder su esencia.

El Prodigio encarna la raíz, el respeto por lo nuestro, la tradición que se honra y se protege. Cardi B representa la diáspora dominicana, la voz moderna que conquista escenarios internacionales sin olvidar su origen. Juntos envían un mensaje poderoso: la dominicanidad no se debilita cuando cruza fronteras; al contrario, se expande y se reafirma.

Defender el merengue es defender nuestra memoria, nuestra historia y nuestra dignidad cultural. Es entender que en cada golpe de tambora, en cada raspado de güira y en cada nota del acordeón hay un relato colectivo que merece ser contado con orgullo. Cuando el mundo baila merengue, baila República Dominicana.

Por eso, más que un ritmo para un sábado por la noche, el merengue es un acto permanente de identidad. Y mientras siga sonando —en cualquier escenario, en cualquier idioma— la dominicanidad seguirá teniendo voz, cuerpo y corazón.

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