Panorama Opinión. La aprobación de la Constitución de 2010 y de la Ley 142-15 representó un paso importante en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática de la República Dominicana. Ambas disposiciones consolidaron el papel del Consejo Económico y Social (CES), concebido como un espacio de diálogo, concertación y construcción de consensos sobre los grandes temas de interés nacional.
El CES nació con la misión de reunir a representantes de diversos sectores de la sociedad para promover acuerdos que contribuyan al desarrollo del país, por encima de intereses particulares o coyunturas políticas. Su valor radica precisamente en su capacidad de servir como puente entre diferentes visiones, facilitando soluciones consensuadas a desafíos complejos.
Por esa razón, este órgano constitucional debe ser preservado como un espacio independiente, respetuoso de los procedimientos y protocolos establecidos por la ley. Su legitimidad depende de que actúe con autonomía, transparencia y apego estricto a su mandato institucional.
Sin embargo, en distintos momentos ha surgido la percepción de que el CES ha ido perdiendo parte de la razón de ser para la cual fue concebido. Cuando un organismo llamado a generar confianza y consensos se aparta de sus principios fundacionales, corre el riesgo de debilitar su credibilidad ante la ciudadanía y los sectores que representa.
La República Dominicana necesita más espacios de diálogo y menos escenarios de confrontación. Por ello, resulta fundamental fortalecer el Consejo Económico y Social, garantizando que continúe siendo una plataforma efectiva para la concertación nacional y no un simple mecanismo formal sin incidencia real en la toma de decisiones.
Preservar la esencia del CES no es solo una responsabilidad de quienes lo integran; es también un compromiso de toda la sociedad dominicana. Los grandes desafíos nacionales demandan instituciones fuertes, confiables y capaces de construir acuerdos duraderos. Debilitar o desnaturalizar este espacio sería un retroceso para la democracia participativa que tanto esfuerzo ha costado construir.
Hoy más que nunca, debemos defender el CES como un instrumento de diálogo plural, independiente y orientado al bien común, para que siga cumpliendo el propósito para el cual fue creado: servir como una casa de consenso al servicio de la nación.