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El cielo color arena: una lección de béisbol y polvo del Sahara

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Panorama Opinión. El sol de Santo Domingo, normalmente brillante se escondía detrás de un velo anaranjado. En el Estadio Olímpico, los pequeños Félix y Alan, bates y guantes en mano, miraban el cielo con extrañeza.

“¡Va a llover!”, exclamó Félix, preocupado.

Alan, serio como un veterano de las ligas menores, frunció el ceño. “No parece lluvia. El cielo está raro, como si alguien le tiró arena”.

En ese momento, se acercó Miranda, su entrenador, una figura alta y robusta, conocedor del béisbol y de muchísimas cosas más. “No se preocupen, campeones, no va a llover. Eso que ven ahí es polvo del Sahara”.

Los ojos de Félix se abrieron de par en par. “¿El Sahara? ¿Pero eso no está súper lejos?”, preguntó, asombrado.

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El entrenador sonrió. “Exactamente. Imaginen que el viento es como un camión gigante que viene desde África cargado de todo ese polvo fino del desierto del Sahara, viaja por el océano Atlántico y, ¡pum!, llega hasta nosotros en la República Dominicana. Es un viaje larguísimo, de miles de kilómetros.

Alan, que ya sentía un poco de picazón en la garganta, preguntó: “¿Y eso es malo para nosotros, entrenador?”.

“Buena pregunta. Piensen, ese polvo contiene millones de piedritas muy muy chiquitas que flotan en el aire”, explicó Miranda. “Cuando las respiramos, nos irritan la nariz, la garganta y los pulmones. Por eso, podemos sentir tos, estornudos, picazón en los ojos o la piel, y hasta sentirnos cansados. El aire se ensucia con ese polvo”.

Félix añadió: “¿Y por eso el cielo se ve así de naranja?”.

“Así es”, asintió el entrenador. “Además de afectar nuestra salud, también hace que el aire se vea más oscuro y, si hay mucho, ensucia los carros y las casas”.

“Pero, ¿cómo nos protegemos de esas piedritas en el aire?”, preguntó Alan.

Miranda se agachó a la altura de los niños. “Es más fácil de lo que creen. Cuando el polvo del Sahara está fuerte, lo mejor es:

 * Quedarse más tiempo en casa o en lugares cerrados, especialmente si sientes que te pica la garganta o los ojos.

 * Beber mucha agua, ayuda a mantener nuestra garganta hidratada.

 * Si hay mucho polvo, usen una mascarilla, como las que usábamos durante la COVID. Eso ayuda a que el polvo no entre tanto a nuestra nariz y boca.

 * Y muy importante, si se sienten mal o les duele la cabeza, díganle a sus padres para que los lleven al médico”.

El cielo seguía teñido de naranja, pero ahora Félix y Alan entendían un poco más. No era lluvia, era el desierto del Sahara enviando un saludo polvoriento. Con esa nueva lección, los niños se miraron, sonrieron y, con un “¡Play ball!”, regresaron a sus posiciones. Sin embargo, no solo estaban listos para el juego, sino también para ser los nuevos “expertos” en el equipo.

Durante el resto de la tarde, cada vez que un compañero preguntaba por el cielo, Félix con la seriedad de un pequeño científico explicaba: “¡Es polvo del Sahara que viene desde África en un camión de viento!”.

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