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Educar en valores: un paso firme hacia la Paz y la Dignidad

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Por: Feliciano Lacen

Panorama Opinión. -En un momento en que la sociedad enfrenta serios desafíos en materia de violencia, descomposición social y pérdida de referentes éticos, la inclusión de la enseñanza moral y cívica en el currículo educativo emerge como una decisión valiente y necesaria. Este enfoque no solo enriquece la formación académica de los estudiantes, sino que promueve una transformación profunda en la manera en que nos relacionamos como ciudadanos.

La educación en valores, lejos de ser un concepto abstracto, tiene efectos concretos: forma individuos más conscientes, responsables y comprometidos con su entorno. Cuando desde temprana edad se enseñan principios como el respeto, la solidaridad, la justicia y la honestidad, se sientan las bases para una sociedad más humana, menos violenta y más cohesionada.

Ministro de Educación, Luis Miguel De Camps

Un elemento clave de esta propuesta es el involucramiento de las instituciones religiosas y organizaciones de la sociedad civil, habilitadas por el Ministerio correspondiente. Estas entidades, con su amplia trayectoria en la promoción de valores y su cercanía con las comunidades, pueden contribuir de forma significativa a complementar la labor docente. No se trata de imponer creencias, sino de sumar esfuerzos en favor de una educación integral, plural y con sentido ético.

La colaboración entre Estado, sociedad civil e instituciones religiosas representa un ejemplo de gobernanza participativa. Este modelo no solo fortalece el proceso educativo, sino que también promueve un sentido de corresponsabilidad en la formación de las nuevas generaciones.

En este contexto, vale la pena destacar la gestión del ministro Luis Miguel De Camps, quien ha respaldado la implementación de esta medida dentro del marco del Pacto Educativo. Su apuesta por una educación más humanista y centrada en la dignidad de la persona refleja un liderazgo comprometido con el desarrollo integral del país. Promover la enseñanza moral y cívica no es simplemente una política pública más; es una declaración de principios sobre el tipo de nación que aspiramos construir.

Educar en valores no es un lujo, es una necesidad urgente. Y hoy, más que nunca, necesitamos formar ciudadanos que no solo sepan, sino que también sepan ser.

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