Clive Humby: “ Los datos son el nuevo petróleo”
Por: Hernán Paredes.
Panorama Opinión. En mi experiencia como formulador de políticas públicas, puedo decir que, estudiando las experiencias de otros países y adaptando sus principios a nuestra realidad, hemos avanzado grandemente en América Latina en las últimas décadas.
Así que, esta vez, quiero referirme a una interesante iniciativa de un país europeo, España, dónde buscan mejorar los desplazamientos de personas y mercancías, a través de disminuir la dispersión de datos de movilidad.
Y es que, precisamente, este país europeo nos presenta el camino para resolver una problemática que se manifiesta con mayor intensidad en nuestra región: la movilidad no se mejora solo con más infraestructura y herramientas tecnológicas, sino también con datos menos dispersos, dentro del marco de una gobernanza que involucre a todas las instituciones que los poseen.
Y de eso mismo se trata el proyecto DS4M Mediterráneo (siglas de Data Space for Mobility), implementado para crear un espacio común de datos de movilidad en el denominado Corredor Mediterráneo.
La Unión Europea (UE) financia esta iniciativa con fondos de Next Generation EU y es promovida por el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública de España. La misma está liderada por el Instituto Universitario de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia (INTRAS), con la colaboración del Instituto Universitario de Investigación de Robótica y Tecnologías de la Información (IRTIC), de la misma academia, así como con el auspicio de ITS España.
Pero ojo, no se trata simplemente de otra plataforma informática adicional, no, de ninguna manera. DS4M Mediterráneo procura integrar toda la información estratégica de movilidad bajo reglas de seguridad, soberanía, calidad e interoperabilidad.
El propósito del proyecto es que sector público, empresas, la academia y los proveedores tecnológicos puedan compartir datos con confianza, sin perder el control sobre ellos y sin obstaculizar la planificación pública con esas especies de islas digitales que se han conformado, como mismo sucede en Latinoamérica, pero con otros agravantes, como contaremos más adelante.
Cómo decíamos, este proyecto se ejecuta en el Corredor Mediterráneo, impactando las regiones de Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Aragón, buscando una movilidad conectada, eficiente, segura, inclusiva y responsable, pero, además, busca apoyar el desarrollo de puntos de acceso a datos a escala regional, provincial, local y nacional.
Gracias a los avances de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), estamos obteniendo gigantescas cantidades de datos de la movilidad urbana, pero esta está distribuida en sistemas distintos con administradores diferentes.
Nos encontramos con montañas de datos dispersos en validadores de pago, GPS de autobuses, cámaras, sensores, aplicaciones, conteos de tráfico, estacionamientos, reportes de incidentes, encuestas de origen y destino, registros de siniestralidad, mediciones ambientales, entre otros.
El problema aparece cuando cada fuente vive encerrada y/o aislada en su propio universo o isla digital, sin que necesariamente los formuladores de políticas públicas puedan acceder a estas fácil y oportunamente.
Entonces, España, con este proyecto, está intentando responder a esta problemática adoptando una visión holística que se conecta con el Espacio Europeo de Datos de Movilidad, por lo que la Comisión Europea facilitará el acceso, la agrupación y el intercambio de datos de transporte, con una filosofía sustentada en tres pilares: confianza, interoperabilidad y reutilización.
Pero cuidado, no se trata de centralizarlo todo para complicar las cosas, sino que de lo que trata es de crear las condiciones para que los sistemas puedan hablar entre si, respetando ciertos parámetros legales, para que se den sinergias importantes.
Esa diferencia es fundamental, pues una una zona urbana no se convierte en Smart City solo porque instale cámaras, sensores o compre softwares de IA; la verdadera ciudad inteligente surge cuando esta aprende a convertir información confiable en decisiones de políticas públicas acertadas y oportunas.
Sin una gestión integral de todos datos que generan los actores, La Administración podrá inaugurar proyectos, pero no demostrar a ciencia cierta que redujeron los indicadores importantes: los tiempos de viaje, emisiones contaminantes, siniestros viales, costos logísticos o desigualdad de acceso al transporte, por citar algunos ejemplos.
Cómo sabemos, en América Latina se ejecutan iniciativas valiosas, pero muchas demasiadas veces se quedan atrapadas en instituciones que no necesariamente comparten sus bases de datos, indicadores, ni metodologías. Un ministerio o Dirección General mide una cosa, un ayuntamiento mide otra, la policía levanta otro registro y los operadores privados poseen información que rara vez entra al ciclo formal de la planificación pública. Cada quien es celoso de sus datos.
El problema en la región se complica más con la alta rotación del personal técnico debido a cambios de gobierno y a debilidades en mantener el principio de continuidad de las políticas de Estado, por mencionar algunas debilidades históricas.
De toda esta situación descrita se derivan: diagnósticos sesgados, políticas públicas difíciles de ejecutar y/o evaluar, así como decisiones tomadas bajo la presión de titulares de los periódicos.
De modo que la movilidad termina administrándose con intuición o inmediatismos, con quejas de la gente, con protestas o crisis. Si embargo, las medidas deberían apoyarse en evidencia científica y datos objetivos. Menos dispersión de datos significa más capacidad para priorizar, corregir y explicar las decisiones tomadas, es decir, se logra una mucho mejor planificación urbana.
Sin embargo, con la experiencia española no se debe hacer simplemente un copy-paste. Cada país tiene su propia idiosincrasia, así como su marco legal, sus capacidades institucionales y sus brechas presupuestarias. Pero nos golpea en la cara una realidad: estamos hablando mucho de inteligencia artificial, gemelos digitales y ciudades inteligentes, sin antes resolver lo básico, como dice un buen amigo arquitecto y urbanista, que es definir la gobernanza básica del dato público y del dato privado de interés público.
En nuestro país, República Dominicana, tenemos razones particulares para estudiar esta buena práctica española, primero, porqué ya nos hemos apoyado antes en el INTRAS de la Universidad de Valencia, entidad ejecutora del DS4M, para implementar transformaciones importantes en materia de movilidad y seguridad vial, como fue la puesta en operación y posterior fortalecimiento del primer Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI), por citar una de tantas ejecutorias colaborativas.
Este observatorio fue creado, en el año 2017, justamente para satisfacer la necesidad de consolidar datos de movilidad y seguridad vial para formular, evaluar y fortalecer políticas públicas relacionadas al sector transporte.
La seguridad vial no mejora solo con campañas educativas o fiscalización; mejora cuando el Estado, apoyándose en los Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS por sus siglas en inglés) identifica patrones, cruza fuentes, busca correlaciones entre variables, localiza puntos críticos y mide resultados.
Entonces, debemos aprovechar que el proyecto DS4M Mediterráneo representa una referencia más madura para avanzar desde observatorios sectoriales hacia un verdadero ecosistema integral de datos de movilidad, con reglas claras, responsabilidades específicas, estándares adecuados y servicios reutilizables.
Así que proponemos crear un “Espacio Dominicano de Datos de Movilidad”, coordinado por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) y conectado con todas las otras instituciones de interés, MOPC, OPRET, FITRAM, DIGESETT, alcaldías, OGTIC, ONE, Ministerio de Medio Ambiente, operadores de transporte, universidades, empresas, entre otras.
Este espacio de trabajo interinstitucional que planteamos trasciende las fronteras sectoriales para gestionar toda la data relacionada o que impacta a la movilidad urbana y, también, aquí se definirían criterios sobre qué datos se comparten, con qué periodicidad, bajo qué formato, quién los valida, quién los puede usar, pero respetando siempre la privacidad de las personas. También se tendría que diferenciar entre datos abiertos, datos institucionales, datos sensibles y datos comerciales.
Una vez logrado esto, un ayuntamiento podría identificar dónde hacen falta aceras seguras, identificar paradas de moto-concho mal ubicadas, gestionar mejor el uso de suelo, etc. DIGESETT podría reorientar operativos de fiscalización en base a evidencia científica, no solo por percepción.
INTRANT podría evaluar rutas, frecuencias y calidad del servicio en el transporte público, principalmente en los nuevos corredores Churchill, Núñez, Charles de Gaulle e Independencia, adelantarse a cambios de comportamientos de la gente. Las universidades podrían realizar investigaciones con data mucho más precisa, la sociedad podría exigir resultados con mayor precisión, etc, etc, etc.
También se derivarían beneficios económicos. La logística urbana, el transporte de carga y los desplazamientos diarios dependen de información confiable.
Definitivamente, España nos enseña que menos dispersión de datos puede traducirse en menos congestión, mejor uso del combustible, menor tiempo perdido, más seguridad para motociclistas y peatones, y una mejor planificación de la inversión pública, siendo esto último fundamental en estos tiempos de incertidumbre.
“Los datos son valiosos, pero si no están refinados, en realidad no se pueden usar. El Petróleo debe transformarse en gas, plástico, productos químicos, etc. para crear una entidad valiosa que impulse una actividad rentable; por lo tanto, los datos deben desglosarse y analizarse para que tengan valor”
Michael Palmer.