Opinión. En la comunicación institucional, corporativa o reputacional se le conoce como portavoz a la persona, autoridad o voz autorizada para enviar mensajes oportunos y necesarios a públicos con una intención clara y delineados sobre las bases de una planificación que dará respuesta a muchas incertidumbres o ventilará datos, detalles y referentes desconocidos. La iglesia católica fue la adalid en esta Semana Santa para vociferar los clamores de su pueblo.
Los púlpitos o atriles se convirtieron en plataforma de denuncias o radiografías sociopolíticas enmarcadas en las críticas sociales y el trueno eclesiástico encuadrados en un contexto general del Domingo Pascual o de Resurrección, en la cual sus máximas autoridades y mandos medios tronaron para criticar el sistema de Gobierno, la calidad de vida de los dominicanos, abandono público y la malversación de fondos o el despilfarro del erario.
Asimismo, los mensajes centrales del arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Francisco Ozoria Acosta; del monseñor Jesús Castro Marte, obispo de la Diócesis de La Altagracia; el Padre Reverendo Elvin de los Santos Montero, de la parroquia San Antonio de Padua en Gazcue; se enmarcaron en el poder y los gobernantes liderando las naciones bajo la guerra y la cultura de la muerte, al igual que, un llamado en contra de la difamación, la creación de perfiles y expedientes para desacreditar y matar reputaciones por medios de las plataformas digitales, a su vez, invitando a salir del sepulcro de la soledad y del dolor cotidiano que azota a la humanidad.
Este 5 de abril de 2026, Día Nacional del Periodista en la República Dominicana ha sido histórico para la iglesia católica pronunciarse en contra de los malestares sociales, de los desafíos a los que se enfrentan los ciudadanos y de la realidad geopolítica que enfrenta a naciones por el control de recursos económicos, materia prima y en fin, del poder total por medio del terror, de la inteligencia artificial, de estructuras bélicas como drones de alta tecnología, cuerpos bélicos, tanques de guerra y misiles que apagan a diario la vida de miles de seres humanos en el mundo.
Sin duda alguna, hay un compromiso y una responsabilidad a la luz pública de los periodistas y los medios de comunicación en el arte de recolectar, redactar y difundir estas noticias calientes y llena de inmediatez, un nuevo campo mediático que llama a la prontitud de la demanda informativa por los lectores, radioescuchas o televidentes, con más angustias, los internautas, nuevos públicos que no se guardan nada. Triunfan las reacciones como los me gusta, dale a la campanita, comparte y comenta.
Sermón de las Siete Palabras este Viernes Santo en la República Dominicana desde la Catedral Primada de América en la Ciudad Colonial funcionó como un estruendo que removió los cimientos más profundos de la conciencia social colectiva. Y dejó encallados: al Gobierno, al empresariado y al sistema de partidos.
Se caracterizó por un fuerte enfoque en la justicia social, la crisis de valores y la denuncia política. Los sacerdotes y religiosos que intervinieron utilizaron cada frase de Jesús en la cruz para «enmarcar» (framing) problemáticas críticas de la realidad dominicana actual.
El tono articulado del sermón de 2026 no fue puramente teológico; funcionó como una tribuna de denuncia de los flagelos, calamidades, el calvario y sufrimiento de los dominicanos ante la desidia del Gobierno y el despilfarro del Estado, donde fue interpelado directamente por la Iglesia católica y a la clase política por el debilitamiento de la democracia y la profundización de las brechas de desigualdad en el país.
En el ámbito de la comunicación y la sociología religiosa, la denuncia social de la Iglesia suele denominarse «Función Profética» o «Voz Profética». Este concepto se basa en la figura bíblica del profeta, quien no solo anuncia un mensaje espiritual, sino que «denuncia» las injusticias de su tiempo. En el contexto de la Iglesia Católica actual, esto se enmarca dentro de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que busca aplicar los principios del Evangelio a la vida económica, política y social.
Cuando la Iglesia emite un mensaje central y popular (como el Sermón de las Siete Palabras), utiliza diversos marcos o encuadres (framing) para conectar la fe con la realidad cotidiana:
1. El Encuadre de la «Encarnación» (Contextualización)
Este marco busca bajar lo sagrado a lo humano. No habla de conceptos abstractos, sino de problemas concretos.
Cómo funciona: Toma un símbolo religioso (la cruz, la sed de Jesús) y lo asocia directamente con una carencia social (la falta de agua, la corrupción).
Objetivo: Hacer que el fiel sienta que su sufrimiento personal es también una preocupación divina.
2. El Encuadre de la «Víctima y el Verdugo» (Justicia Social)
Es un marco de conflicto moral donde se identifican claramente los roles.
Cómo funciona: Se presenta al pueblo (el «pobre», el «joven sin empleo», la «madre soltera») como el Cristo sufriente del presente, mientras que las estructuras de poder (políticos corruptos, sistemas económicos injustos) actúan como los modernos «verdugos».
Objetivo: Movilizar la indignación ética y señalar responsabilidades.
3. El Encuadre de la «Reserva Moral» (Autoridad Ética)
La Iglesia se posiciona como una entidad que está «por encima» de la política partidista.
Cómo funciona: Utiliza un lenguaje de valores universales (bien común, dignidad humana, ética) para criticar el pragmatismo o la inmoralidad del sistema.
Objetivo: Validar su crítica como algo objetivo y no contaminado por intereses electorales.
4. El Encuadre de la «Conversión» (Llamado a la Acción)
A diferencia de un discurso político que solo pide votos, el mensaje eclesial pide un cambio interno y externo.
Cómo funciona: No solo culpa al «sistema», sino que también interpela al ciudadano (por ejemplo: criticar la imprudencia vial o la indiferencia ante el vecino).
Objetivo: Generar una corresponsabilidad en la solución de los problemas sociales.
5. El Encuadre de la «Esperanza Escatológica» (Alivio y Futuro)
Todo mensaje de denuncia suele cerrar con una promesa de cambio o una propuesta.
Cómo funciona: Utiliza el marco de la resurrección para indicar que el mal y la injusticia no tienen la última palabra.
Objetivo: Evitar el derrotismo o el nihilismo en la población, manteniendo viva la fe en que la transformación social es posible.
Nota: En el caso dominicano, en esta Semana Santa 2026 Iglesia católica utilizó un encuadrado nacionalista-identitario, vinculando los valores patrios (Duarte, Sánchez y Mella) con los valores cristianos para fortalecer su impacto en el imaginario colectivo. Llamó a la hermandad, convivencia sana, a deponer la violencia y saber demandar los servicios públicos.
Ahora le toca a la prensa y medios de comunicación embarcarse en la multiplicación oportuna de estos mensajes o marcos mentales, en promover un periodismo que se ocupe en su responsabilidad social en profundizar en las distintas problemáticas de la sociedad dominicana y que la pluma y la línea editorial no sucumba, no desmaye ni se amilane ante las cúpulas o élites del poder.
“¡Un estruendo cristiano en el Día Nacional del Cuarto Poder!”.