Panorama Opinión. Las constituciones, códigos y leyes deben evolucionar para responder a la realidad nacional y a los cambios del entorno global.
Sin embargo, toda reforma debe preservar los derechos adquiridos y fortalecer la seguridad jurídica, porque los gobiernos son temporales, mientras la nación permanece. La democracia dominicana se construyó con sacrificio, esfuerzo y la entrega de generaciones de hombres y mujeres comprometidos con la libertad y la institucionalidad.
Por ello, resulta inaceptable impulsar reformas motivadas por intereses políticos, personales o coyunturales que pongan en riesgo los avances sociales alcanzados. República Dominicana ha logrado un importante desarrollo en las últimas décadas, pese a las deficiencias y malas prácticas que aún persisten en algunos sectores políticos.
El futuro del país debe edificarse sobre el respeto a la Constitución, el fortalecimiento institucional y el interés colectivo, nunca subordinado a ambiciones particulares ni decisiones improvisadas.
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