Panorama Salud. Las brochas de maquillaje que no se limpian con frecuencia pueden convertirse en un foco de bacterias y aumentar el riesgo de problemas en la piel, como brotes de acné, sarpullidos e incluso infecciones, advirtieron especialistas y organizaciones médicas.
De acuerdo con la American Academy of Dermatology (AAD), las brochas acumulan restos de maquillaje, grasa, células muertas y suciedad, creando un ambiente propicio para la proliferación de microorganismos. La entidad recomienda lavarlas cada siete a diez días para proteger la piel y prolongar la vida útil de estos accesorios.
La Clínica Mayo señala que el uso de brochas contaminadas puede facilitar la transmisión de bacterias responsables de infecciones cutáneas, entre ellas las causadas por estafilococos. En la misma línea, especialistas de la Cleveland Clinic explican que estos microorganismos pueden ingresar al organismo a través de pequeñas lesiones en la piel, aumentando el riesgo de afecciones como celulitis y foliculitis, especialmente en personas con piel sensible o propensa al acné.
La AAD también advierte que los pinceles sucios pueden estar asociados con infecciones por hongos, bacterias como Escherichia coli (E. coli) y diferentes tipos de estafilococos.
La maquilladora Caroline Barnes explicó a Glamour UK que la mezcla de grasa natural de la piel, pigmentos de maquillaje y células muertas convierte las brochas en un entorno ideal para el crecimiento de bacterias. Por su parte, la científica cosmética Lynne Sanders, fundadora de Cosmetics à La Carte, señaló que quienes presentan manchas o sarpullidos persistentes deberían prestar atención no solo a los productos que utilizan, sino también a las herramientas con las que los aplican.
Asimismo, la publicación británica advirtió que compartir brochas o aplicadores sin limpiar puede favorecer la transmisión de problemas como conjuntivitis o herpes labial.
Aunque la recomendación general de la AAD es limpiar las brochas cada siete a diez días, la frecuencia puede variar según el tipo de maquillaje utilizado.
Sanders explicó que las brochas destinadas a productos líquidos, como bases o correctores, deberían lavarse dos o tres veces por semana, mientras que las empleadas para productos en polvo pueden limpiarse una vez por semana.
Un estudio publicado en el Journal of Hospital Infection concluyó que brochas y esponjas de maquillaje pueden albergar bacterias resistentes, entre ellas Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa, si no se higienizan de manera regular, especialmente cuando permanecen húmedas.
La American Academy of Dermatology recomienda enjuagar únicamente las puntas de las brochas con agua tibia, evitando mojar el cabezal completo para no deteriorar el pegamento que une las cerdas al mango.
Posteriormente, aconseja utilizar un shampoo suave o clarificante, masajear las cerdas hasta formar espuma y repetir el enjuague hasta que el agua salga completamente limpia. Finalmente, el exceso de humedad debe retirarse con una toalla limpia y las brochas deben dejarse secar en posición horizontal.
La maquilladora Christabel Draffin coincide en que el secado horizontal es fundamental para preservar la estructura de la brocha y evitar que el agua deteriore el adhesivo interno.
Los especialistas desaconsejan secar las brochas en posición vertical, ya que el agua puede filtrarse hacia el mango y debilitar el pegamento que sostiene las cerdas.
También recomiendan guardarlas en un lugar fresco y seco, lejos de la humedad del baño, y evitar compartirlas con otras personas para reducir el riesgo de contagio de infecciones.
En cuanto a las esponjas de maquillaje, los expertos aconsejan limpiarlas con frecuencia y reemplazarlas aproximadamente cada tres meses, debido a que su estructura porosa favorece la acumulación de residuos y microorganismos.
Por último, Barnes advirtió que lavar las brochas en la lavadora no es una buena alternativa, ya que el calor puede dañar el adhesivo del cabezal y reducir significativamente la vida útil de estos accesorios.