Por Carlo Lara
Panorama Opinión. Pretender sacar la cesantía del Código de Trabajo para llevarla al incierto terreno de la Seguridad Social constituye una afrenta contra la clase trabajadora y una peligrosa provocación social.
Hay propuestas que nacen del debate democrático y otras que parecen concebidas de espaldas al pueblo. La intención de trasladar la cesantía desde el Código de Trabajo hacia la Seguridad Social pertenece, sin duda, al segundo grupo.
Por eso resulta imposible guardar silencio ante una idea que amenaza uno de los derechos laborales más importantes conquistados por los trabajadores dominicanos. Y más preocupante aún cuando dicha propuesta es impulsada por el presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, quien debería estar defendiendo los intereses de la mayoría y no promoviendo iniciativas que generan alarma e indignación entre quienes viven de un salario.
La cesantía no es un regalo de los empresarios ni una concesión graciosa del poder político. Es una conquista social obtenida después de décadas de luchas laborales. Es un mecanismo de protección para el trabajador que, tras dedicar años de su vida a una empresa, queda desamparado ante un despido.
Pretender trasladarla a la Seguridad Social no es una simple modificación técnica; es un intento de desmontar una garantía laboral fundamental y transferir responsabilidades que hoy corresponden a los empleadores.
Lo más indignante es que esta propuesta surge en un país donde la Seguridad Social acumula innumerables cuestionamientos. Un sistema que no ha logrado satisfacer plenamente las expectativas de millones de ciudadanos, que ofrece pensiones insuficientes, subsidios limitados y una cobertura que dista mucho de ser ideal.
¿De verdad alguien pretende convencer al pueblo de que un derecho protegido por el Código de Trabajo estará más seguro dentro de un sistema que lleva años siendo objeto de críticas permanentes?
La respuesta es evidente.
Los trabajadores dominicanos tienen razones de sobra para desconfiar. Durante años han visto cómo importantes beneficios laborales han sido reducidos, limitados o transferidos bajo distintos argumentos. Ahora se pretende avanzar sobre la cesantía, uno de los pocos derechos que todavía permanece intacto.
Lo preocupante es que algunos legisladores parecen haber olvidado quiénes los eligieron. Fueron los ciudadanos, los trabajadores, los hombres y mujeres que se levantan cada madrugada para sostener con su esfuerzo la economía nacional. No fueron las élites económicas ni los grupos de presión que constantemente buscan reducir costos sacrificando derechos.
Alfredo Pacheco debe entender que la cesantía no es un capricho sindical ni una demanda coyuntural. Es una línea roja para millones de dominicanos. Y cuando el poder político intenta cruzar líneas rojas sin escuchar al pueblo, las consecuencias suelen ser impredecibles.
La historia dominicana está llena de episodios en los que decisiones divorciadas de la realidad social terminaron provocando profundos niveles de rechazo popular. Ningún dirigente responsable debería ignorar esa lección.
Lo que corresponde en estos momentos no es buscar fórmulas para debilitar derechos laborales, sino fortalecer las condiciones de vida de los trabajadores. Lo que corresponde es discutir salarios dignos, mejorar la calidad de los servicios públicos, garantizar una Seguridad Social eficiente y combatir las desigualdades que afectan a millones de familias.
Sin embargo, algunos parecen empeñados en hacer exactamente lo contrario.
Desde esta tribuna hacemos un llamado firme a los diputados de todos los partidos para que recuerden el mandato que recibieron de la ciudadanía. No fueron elegidos para convertirse en representantes de intereses particulares ni para actuar como voceros de grupos económicos. Fueron elegidos para defender al pueblo dominicano.
La cesantía no se toca.
Y quien intente debilitarla debe saber que encontrará la resistencia de una sociedad cansada de abusos, de privilegios para unos pocos y de sacrificios impuestos siempre a los mismos.
Señor Alfredo Pacheco: no subestime el valor que tiene la Cesantía para los trabajadores dominicanos. No juegue con uno de los pocos derechos que aún les quedan. Porque cuando el pueblo siente que intentan arrebatarle sus conquistas, termina encontrando en la protesta la voz que no encuentra en las instituciones.
La cesantía es un derecho adquirido. Es una conquista histórica. Y debe ser defendida con la misma firmeza con la que fue conquistada.