Panorama Internacionales. Karina Blanco, madre de Fabiana, una niña de 12 años de edad, estaba a punto de comenzar las clases de spinning que imparte cuando la tierra empezó a temblar, en Venezuela.
«Tenía una pierna doblada en una posición dolorosa y moví algunos escombros para poder estirarla. Al hacerlo me hice rasguños y cortes, pero encontré un bote de kétchup y un poco de queso rallado. Eso fue lo que me mantuvo consciente», comentó.
Bajo los escombros, Fabiana también encontró su teléfono. No había señal, ya que las redes celulares se habían caído, pero decidió grabar un video, con la esperanza de que tarde o temprano podría enviárselo a su madre o a alguien que pudiera ayudarla.
Por su parte, la madre de Fabiana relata que al darse cuenta de lo que ocurría, su primer instinto la llevo a empezar a gritar: «¡mi hija, mi hija!», acto seguido se subió a su vehículo y condujo tan rápido como pudo.
«Vi un edificio, luego un hueco donde antes estaba el mío y, a continuación, otro edificio», dijo al recordar el momento en el que regreso a su vivienda.
Momentos de tensión
Fabiana estaba en el dormitorio de su madre, situado en la primera planta de un edificio de diez pisos, cuando sintió los terremotos. Corrió hacia la cocina y se aferró a la encimera justo cuando las paredes a su alrededor se derrumbaron. La fuerza del desplome la arrojó al suelo.
A partir de ese momento comenzó una angustiosa espera que se prolongó por 32 horas.
Desde el exterior del edificio derrumbado, Karina vio cómo la mitad de la cama de su hija sobresalía entre los escombros.
«Corría de un extremo a otro del complejo gritando: ‘Está muerta. Mi hija está muerta’. No sabía qué hacer», dijo Karina. «Soy una persona que sufre mucha ansiedad y claustrofobia. Pero, no sé por qué, me invadió una calma extraña. Quizás mi mente estaba en estado de shock», continup.
Poco después, una enfermera que trabajaba cuidando a los vecinos del piso de arriba empezó a gritar para ver si alguien podía oírla. Fabiana respondió.
«Me dijo que mantuviera la calma y que todo saldría bien», contó Fabiana.
Seis horas después del terremoto, cerca de la medianoche, la enfermera fue rescatada. Les dijo a los voluntarios que la sacaron que había una chica llamada Fabiana viva en el interior.
«Me había puesto en manos de Dios, pidiendo fuerzas para empezar una nueva vida sin Fabiana. Y entonces alguien me dijo: ‘Tu hija está viva'», relató Karina.
Corrió de vuelta al edificio gritando hacia los huecos entre los escombros, llamando a su hija por su nombre.