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Adiós Kamala: Welcome Michelle Obama

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Panorama Opinión. Se atribuye al publicista y compositor Ramoncito Díaz la autoría de un sabroso merengue que dice: “ya que los hombres no pueden, que gobiernen las mujeres”. La frase, cargada de humor, apunta a una realidad que, en pleno siglo XXI, todavía tiene enormes retos: la falta de mujeres en los más altos cargos de poder en muchos países, incluyendo Estados Unidos.

La historia del liderazgo femenino en América Latina es rica y variada. En países como Argentina, México, Chile, India, Nicaragua, Panamá, Inglaterra y Canadá, una mujer ha llegado a ocupar la máxima magistratura del país. Sin embargo, Estados Unidos, una de las potencias más influyentes del mundo, no ha logrado dar ese paso. Hillary Clinton y Kamala Harris, dos mujeres destacadas en la política, fueron derrotadas en elecciones por el mismo candidato (Míster Donald Trump)

 con acusaciones de comportamiento problemático hacia las mujeres. Esto nos lleva a cuestionar qué pasa por la mente del electorado estadounidense, que parece aún no estar listo para una presidenta.

Este fenómeno podría vincularse con una resistencia cultural o histórica, y la falta de sororidad entre algunas mujeres en espacios de poder tampoco es menor en este contexto. Recordemos lo que alguna vez me comentó la doctora Milagros Ortiz Bosch: el ataque más visceral que puede recibir una mujer en una posición de liderazgo a menudo proviene de otra mujer. Como Ministra de Educación en su momento, ella experimentó esto de primera mano, siendo sus mayores críticas las reporteras que cubrían la fuente educativa, quienes priorizaban lo negativo por encima de los logros de su gestión.

La sororidad, un concepto tan necesario hoy día, implica la construcción de una hermandad basada en el respeto, el apoyo y la empatía entre mujeres. Más allá de ideologías, la sororidad aboga por una unión que impulse a las mujeres a defenderse y fortalecerse unas a otras. No obstante, la realidad parece ser a veces otra: en el camino hacia el poder, las mujeres se enfrentan tanto a obstáculos impuestos por el sistema patriarcal como a conflictos internos, lo cual complica aún más su lucha.

Es precisamente en este contexto que surge la figura de Michelle Obama, una ex primera dama con una popularidad inigualable, y que ahora es vista como una posible candidata con el potencial de romper el techo de cristal en Estados Unidos. Después de dos derrotas, Kamala, el Partido Demócrata, muchos se preguntan si ha llegado el momento de dar paso a Michelle, quien, más allá de su carisma y habilidad oratoria, representa una alternativa unificadora para el país.

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Michelle Obama ha construido su figura con base en su empatía, su mensaje de esperanza y su respaldo a la igualdad y justicia social, valores que podrían conectar con una sociedad desgastada por la polarización y los conflictos políticos. ¿Es ella la candidata que finalmente llevará a una mujer a la presidencia de Estados Unidos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que su llegada sería un hito no solo para las mujeres, sino para todos aquellos que buscan un liderazgo fuerte y justo en el país. Mientras tanto, en este juego de tronos, las mujeres que buscan hacer historia en la Casa Blanca siguen enfrentando los desafíos de una nación aún reticente. Pero no hay duda de que, en un futuro no tan lejano, alguien abrirá esa puerta. Tal vez, esta vez, sea Michelle Obama quien tome el relevo.

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