Actualidad Nacionales

​“Yo le creo a Dios”: la Navidad que Felicia sueña desde una casa de zinc

COMPARTIR

Panorama Nacional. La casa es pequeña, de zinc. El calor se queda atrapado entre las paredes y el aire parece pesar más de lo normal. Dentro, Felicia Medina Medina habla despacio, como quien empuja cada palabra con esfuerzo. Su respiración es pesada, irregular. No porque no quiera hablar, sino porque su cuerpo ya no se lo pone fácil.

Felicia es madre de cinco hijos. Los más pequeños tienen 8 y 10 años. Hace ocho años tuvo que dejar de trabajar por complicaciones de salud y desde entonces depende casi por completo de su hijo mayor, el único que trabaja y que, como puede, sostiene el hogar y costea sus medicamentos.

“Yo quisiera, por mis hijos, darles lo que esta época representa”, dice con la voz quebrada. “Estrenar aunque sea una ropita, que ellos puedan decir que en mi casa también cenamos”.

Santiago centro de convenciones

La Navidad, cuenta, no pesa solo por lo que falta en la mesa, sino por lo que la sociedad recuerda constantemente que debería haber. En la escuela, en la calle, en cada esquina donde se comparte.

“Es una época en la que se comparte hasta en las escuelas. Yo quisiera que ellos pudieran llevar lo que les piden, compartir como los demás, ir al médico si hace falta”.

Pero apenas alcanza para comer.​ “A veces ni siquiera una comida decente”, confiesa. “Hay días que no tengo nada”.

La única ayuda que reciben desde hace algunos meses es el bono Aliméntate, de RD$1,650 pesos mensuales. Con eso se compra lo indispensable. Nada sobra. Nada alcanza.

Felicia vive con asma, un pulmón dañado, arritmia cardíaca y un estómago afectado por años de medicación. Hablar es un esfuerzo. Respirar, también. Usa varios medicamentos al día y utensilios médicos para poder tratarse en casa. Su salud no le permite trabajar, y eso es lo que más le duele.

“Lo más difícil para mí es no tener salud”, dice, con los ojos aguados. “No poder ser útil ni siquiera para mí misma”.

Aun así, cuando habla de la Navidad, lo hace con esperanza.​ “Yo visualizo una Navidad buena, bonita, aunque no haya nada. Yo quiero que mis hijos puedan decir: en mi casa también hubo pollo”.

Hace una pausa, respira hondo.​ “Yo confío en un Dios grande. Yo le creo a Dios”.

No solo en diciembre la vida se vuelve cuesta arriba. Para Felicia, todo el año es una lucha silenciosa. Una lucha por respirar, por alimentar a sus hijos, por mantenerse de pie aun cuando el cuerpo insiste en caer.

La suya no es una historia aislada. Es el rostro de muchas Navidades invisibles, esas que no salen en las fotos, pero que existen, resisten y esperan.

Si quieres ayudar a Felicia a tener la Navidad que sueña, puedes contactarla: 809-999-3940

© 2026 Panorama
To top