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La oposición no gana elecciones, los gobiernos las pierden

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Por Elvin Castillo.– El título de este artículo es una conclusión a la que han llegado muchos politólogos, estudiosos y yo mismo estoy convencido de ello.

En democracia hay elecciones cada cuatro, cinco o seis años dependiendo el modelo político de cada país, por lo que la permanencia en el poder de un partido en ejercicio, y más aún de un intento reeleccionista, va umbilicalmente condicionado a la aprobación por parte del electorado de dicha gestión.

En Latinoamérica existen peculiaridades que como región nos hacen únicos desde el punto de vista político y social. La heredad de ser “colonizados” de la región, dictaduras en décadas recientes y la incapacidad de nuclearnos en nuestras fortalezas han hecho de Latinoamérica lo que he denominado la región “eternamente tercermundista”. Bajo el sistema económico, educativo y político la región no tiene forma de avanzar.

Vamos al asunto político, las deudas sociales acumuladas son enormes en la región y República Dominicana no es la excepción. Hay precedentes históricos que son de obligada referencia a la hora de hacer un análisis político actual ya que la parte sociológica de los pueblos es vital a la hora de estudiar cómo se comportan electoralmente los pueblos.

Por más esfuerzos que hiciera la oposición en República Dominicana de cara a las elecciones 2024 sería imposible que tuviesen oportunidad alguna de competir si la gestión de gobierno fuese altamente valorada y con resultados incuestionables.

Fuerza del Pueblo es un partido en formación con muchísimas dificultades por el contexto en el que nació y su alianza electoral coyuntural con el mismo gobierno al que hoy enfrenta.

Sin embargo, el PLD atraviesa su peor momento como marca, golpeado por los años en el poder, escándalos de corrupción y la cantidad de gente que ha salido de allí rumbo al propio PRM y FP dada la idiosincrasia de nuestra política tropical.

Mientras que del PRD queda poco que decir años de un control absoluto de su presidente Miguel Vargas han hecho añicos el otrora enorme partido que fue, a pesar de esto ha jugado un rol clave en la construcción de una alianza opositora actual.

En el caso del PRM es un caso digno de estudio porque en la necesaria renovación y transformación que sufrieron al salir del PRD los cambios fueron tan profundos que terminaron extirpando sus fundamentos, principios y la base social de apoyo que tradicionalmente les había respaldado.

Pasaron de ser el partido de las grandes masas a parecer un club privado de amigos y eso acompañado de una evidente inexperiencia en el manejo del estado ha provocado una serie de situaciones en su gestión que pone a pensar a más de uno.

Es cierto que al partido oficialista le ha tocado momentos sumamente difíciles para gobernar dado el contexto global de la pandemia, la guerra de Ucrania y Rusia, inflación, entre otros factores. Pero más allá de esos elementos que son reales y que le hubiesen dificultado la vida a cualquier partido en el poder, el equipo del presidente ha dejado mucho que desear en su rol de gerenciar y administrar la cosa pública: los servicios en muchas áreas han desmejorado, no han podido ejecutar los proyectos al ritmo que deberían, la economía se ha frisado y las respuestas para contrarrestar no han estado a la altura.

A pesar de todo eso siempre el que está en el poder y busca repostularse sale con ventajas frente a sus oponentes, pero sí realmente la alianza opositora se cohesiona (cosa que no ha ocurrido) y el gobierno continúa con la escalada de apagones, problemas de comunicación, baja inversión pública de capital, alza de la tarifa eléctrica, inseguridad ciudadana, problemas en educación, en el sector salud, problemas con la migración haitiana, es sumamente difícil asegurar que ganarían en su intento.

Por más esfuerzos que la oposición quisiera hacer solo obtendría atención del electorado sí el gobierno no lo hace bien, porque si el gobierno lo hace bien con apenas un mandato de cuatro años en el poder nadie miraría hacia la oposición.

Al final queda sumamente claro que la oposición no gana elecciones sino que los gobiernos la pierden.

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