Panorama Salud._ Los ensayos clínicos son esenciales para evaluar la eficacia y seguridad de nuevos tratamientos médicos, dispositivos y estrategias de prevención, permitiendo establecer estándares terapéuticos y garantizar beneficios concretos para los pacientes.
En este contexto, el doctor Michael Gibson, profesor de Harvard y director del Baim/Perfuse Institute, propuso durante el PreCongreso ICBA 2025 que parte de estos estudios puedan realizarse de manera virtual. Esto, según Gibson, reduciría costos, agilizaría la recopilación de datos y otorgaría un papel más activo a los participantes en la investigación.
Gibson destacó que la innovación tecnológica y las nuevas metodologías transforman la investigación clínica, particularmente en cardiología, donde la eficiencia económica es clave para sostener el avance de la especialidad. Explicó que innovar en costos permitirá probar más tratamientos, mejorar el acceso a nuevas terapias y acelerar su llegada a los pacientes. Ejemplificó con el estudio HeartLine, que utiliza dispositivos como el Apple Watch para comparar la detección de fibrilación auricular y permite que los participantes se incorporen al ensayo de manera virtual, sin la intervención directa de médicos o enfermeras.
El estudio HeartLine demostró un alto nivel de compromiso de los participantes, con más del 90% de los resultados informados por los propios pacientes mediante dispositivos electrónicos. Este modelo descentralizado y virtual no solo agiliza la recolección de datos, sino que reduce significativamente los costos operativos. Gibson señaló que el uso de redes sociales, registros electrónicos y aplicaciones móviles permite reclutar pacientes de manera más eficiente, democratizando el acceso a ensayos clínicos y extendiéndolo más allá de los grandes centros urbanos.
La digitalización también facilita el procesamiento de información a través de inteligencia artificial, que puede traducir documentos, resumir historiales clínicos y automatizar tareas administrativas, reduciendo hasta un 90% los costos asociados. No obstante, Gibson insistió en la necesidad de supervisión humana para garantizar la calidad y confiabilidad de los datos, subrayando que la tecnología por sí sola no es el límite, sino la cultura de investigación la que requiere adaptarse a estas nuevas herramientas.
El especialista también abordó los desafíos financieros de los ensayos cardiovasculares, que pueden superar los 4.000 millones de dólares en estudios de larga duración. Gran parte del gasto se destina al monitoreo tradicional, que requiere movilizar personal a distintos lugares, mientras que la utilización de bases de datos existentes y formularios unificados podría reducir los costos al 1 o 2% del valor actual. Gibson destacó que la sostenibilidad de los ensayos depende de innovaciones en eficiencia y reducción de gastos operativos sin comprometer la calidad de los resultados.
Respecto a los desafíos futuros, Gibson señaló que la expansión de datos digitales y la automatización plantean la necesidad de mantener la confiabilidad y relevancia clínica de los resultados. La participación activa de los pacientes en la recopilación de información, la educación pública sobre el funcionamiento de la ciencia y la transformación de la cultura institucional son factores clave para que los ensayos clínicos virtuales sean efectivos y confiables. Además, enfatizó que los resultados estadísticamente significativos deben traducirse en relevancia clínica real para los pacientes.
Gibson subrayó que la salud digital debe fortalecer el vínculo humano en lugar de reducir a los profesionales a simples registradores de datos. Herramientas como la inteligencia artificial y la escucha pasiva pueden liberar tiempo de los profesionales para enfocarse en la atención directa al paciente y en la interpretación significativa de los datos. Concluyó que, aunque aún existen retos, la virtualización, automatización y participación activa de los pacientes marcan un futuro prometedor para los ensayos clínicos y la medicina personalizada.
Fuente: Infobae