Panorama Opinión. Los partidos políticos al ser sacudidos electoralmente, solo pueden regresar a los principios que les dieron origen. Cuando un partido permite que las gradas definan su accionar, pierde su rumbo y su propósito.
Se habla mucho en la opinión pública interesada sobre el problema de algunos partidos de oposición que carecen de un liderazgo que conecte con la realidad. Este argumento podría tener fundamento, pero resulta sorprendente cómo aquellos que antes consideraban que un candidato presidencial no tenía posibilidades mínimas, ahora lo ven como un salvador para la organización.
No debato este punto, quizás sea cierto. Sin embargo, me centro en que la estrategia clara del gobierno era deprimir electoralmente al tercer partido en simpatías, lo que resultaba perfecto para evitar una segunda vuelta electoral. Hoy, el presidente convoca a los presidenciales del PRM, pero sigue en campaña como el primer día. Al mismo tiempo, extiende una rama de olivo a la oposición mientras prepara una reforma fiscal que será costosa hasta para respirar.
La idea es vincular a la oposición con esta reforma fiscal para que el pueblo asuma que todos los partidos del sistema han estado comprometidos con ella. Mientras tanto, la oposición, influenciada desde afuera, busca culpables internos. Ningún dirigente debería afirmar que el problema no está ni aquí ni allá; la verdadera causa se encuentra en la compra despiadada de dirigentes.
Cuando el análisis comience por ahí, una parte de la oposición podrá comprender el contexto y visualizar el horizonte político desde otra perspectiva.
Por otro lado, aquellos que anteriormente debilitaron al partido y a su candidato son los mismos que buscan imponer su agenda política en dicha organización. Dependerá de los políticos veteranos decidir si se reúnen en cónclave y establecen su rumbo o si aceptan que los medios les impongan sus autoridades partidarias, perpetuando así la división en la oposición en beneficio del PRM. La mesa está servida.